Jaime García Chávez
Bad Bunny: ¿irreverencia efímera?
16/02/2026 - 12:03 am
"Idioma, cultura, mensaje e iconografía latina tapizaron el escenario del Super Tazón en un momento sensible para Estados Unidos y para el mundo en general".

La expectativa internacional creada en torno a la presentación del reguetonero puertorriqueño Bad Bunny en el espectáculo de medio tiempo del pasado Super Tazón LX en Santa Clara, California, se fragmentó en opiniones diversas tan pronto concluyeron los 13 minutos y medio que duró ese show que alcanzó, según el periódico británico The Independent, los 128 millones de espectadores.
La intervención del cantante boricua estuvo cargado de mensajes políticos que no han pasado desapercibidos, lo mismo para sus seguidores que para sus detractores, entre los que se encuentra el principal destinatario de la misiva latinoamericana entregada en su propia casa: Donald Trump.
Tanto es así que organizaciones conservadoras como la Turning Point USA, fundada por el activista de ultraderecha Charlie Kirk, asesinado en septiembre de 2025 en una universidad de UTAH, transmitieron en múltiples plataformas como Real America’s Voice, de extrema derecha, y el canal cristiano TBN, un medio tiempo alternativo que fue visto por una nada despreciable audiencia de casi seis millones de televidentes. Un termómetro más para calcular la división en ese país.
En ese evento alterno, el viejo rocanrolero Kid Rock fue la estrella y le hizo el juego a la ultraderecha norteamericana, no sin atizar la controversia con Bad Bunny un día después durante una entrevista en la cadena televisiva favorita del trumpismo, Fox News, al afirmar simplista y racistamente que no entendió nada porque el rapero sólo cantó en español.
Idioma, cultura, mensaje e iconografía latina tapizaron el escenario del Super Tazón en un momento sensible para Estados Unidos y para el mundo en general, justo cuando la administración Trump, como dijo el Senador demócrata Bernie Sanders, utiliza al ICE como un ejército personal para reprimir a las comunidades migrantes de todo el país, especialmente a las latinas y, en buena medida, a las mexicanas.
El enfado y la indignación –por decir lo menos– de muchos otros norteamericanos por los recientes crímenes cometidos por el ICE en Minnesota y por la violenta detención y expulsión de migrantes en todos los rincones de Estados Unidos, apostillaron la atmósfera del espectáculo que, en esta ocasión, sólo en apariencia intentó ser meramente musical.
Trump y las organizaciones de ultraderecha que lo acompañaron en esta burundanga catalizaron el escenario de la presentación del cantante. Blanco del reclamo social, el Presidente estadounidense descalificó antes y después del evento al puertorriqueño, y eso mantuvo fundida la política con el espectáculo a un nivel de enfrentamiento. Trump no acudió al evento porque seguramente le informaron de que iría el medio tiempo, un espectáculo que debió ensayarse con antelación y sin dejar espacio a la improvisación.
Antes de concluir la semana grupos conservadores promovieron demandas contra la NFL, contra la cadena NBC y contra el propio reguetonero argumentando razones moralistas. Es como cuando en México esos mismos sectores acusan a la Cuatroté de “comunista”.
La cancha del Levi’s Stadium en Santa Clara, sede de los 49’s de San Francisco, se convirtió durante unos minutos en un torneo, más que ideológico, en un campo de batalla, en una plataforma desde la que se dispararon postales de protesta en favor de las libertades y los derechos humanos y que se extendió, tras su extinción televisiva, en las redes sociales durante varios días.
Para unos fue una presentación histórica por ser la primera desplegada completamente en español. Durante 20 segundos, el también cantante puertorriqueño Ricky Martin acompañó al “Conejo Malo” interpretando una de las estrofas más combativas de éste, Lo que le pasó a Hawaii, que en esencia plantea una defensa de la isla caribeña como estado soberano e independiente de Estados Unidos.
Sin embargo hay aspectos que han de estar presentes en el análisis de esta controvertida actuación. En primer lugar, no parece que, dados sus antecedentes musicales, Bad Bunny sea un “cantante de protesta” per se, tan sólo por recuperar un viejo concepto de los artistas que en los sesenta y setenta, principalmente, se oponían y criticaban al sistema, al viejo “orden mundial” y al propio carácter imperialista de Estados Unidos, en medio de la Guerra Fría sostenida contra el otro frente, el soviético, representado por la antigua URSS y sus aliados.
En realidad es la segunda aparición de Bad Bunny en un Súper Tazón. En la edición LIV realizada en Miami, otro bastión de la comunidad latina y cubana, actuó como invitado en el espectáculo de medio tiempo que encabezaron la colombiana Shakira y Jennifer Lopez (norteamericana de ascendencia puertorriqueña), y en cuyo show también participó J. Balvin, paisano de la primera.
Esa vez primó el mero espectáculo musical, cantaron en español e inglés, y la única bandera desplegada, con un orgullo distinto, fue la de Puerto Rico, de parte de Jennifer López. Fue una fiesta que ensalzó lo latino desde el punto de vista musical del momento. No hubo ningún atisbo de protesta ni la más mínima incomodidad. Al menos, no se produjeron las reacciones que ahora, seis años después, ocasionó la presentación de Bad Bunny en plan estelar.
No podía ser de otra manera. En aquella primera actuación como invitado, Bad Bunny interpretó, junto con Shakira, partes de su canción I like it, así, en inglés, que incluye un estrofa como la siguiente: “Yo no soy high (high) / soy como el Testarossa (‘Rossa) / Yo soy el que se la vive y también el que la goza (Goza, goza) / Es la cosa, mami es la cosa (Cosa, cosa) / El que mira sufre y el que toca goza (Goza, goza)”.
Más allá de si su arte no es considerado como tal por muchos y si se le cuestiona su falta de talento como cantante, la industria musical ha encontrado en él, como siempre ha hecho con otros, nos gusten o no, una veta a la cual se pueda explotar comercialmente.
Cuando el rocanrol no vendía por parecer muy transgresor, ni las estaciones de radio tocaban los discos de sus exponentes. Pero cuando las juventudes de la época mostraron su entusiasmo por ese género, las radios y las discográficas se volcaron entonces por contratos exclusivos con las nuevas figuras del espectáculo. Y entonces todo pareciera una historia que se repite: viejos conservadores menospreciando el impulso, a su modo, de las juventudes de su tiempo.
En segundo lugar, la NFL es un núcleo empresarial que deja muchos dividendos. Es un negocio que ha superado al beisbol, que antes era llamado el departe de casa, el rey de los deportes. Eso y la influencia del mundo latino fue tomado en cuenta por la NFL cuando se anunció la actuación de Bad Bunny para el medio tiempo del Super Tazón LX. Ahí, los ejecutivos de la NFL dijeron que su presentación “contribuirá a cumplir un objetivo comercial clave: aumentar la audiencia internacional y latina de la liga”.
Según reportes de prensa, la vicepresidenta de la NFL, Marissa Solís, declaró que la liga identificó a la población latina de Estados Unidos, una comunidad de más de 70 millones de personas, como un “área de crecimiento fundamental”. En 2024, la NFL y este deporte en concreto, contaba con una afición de más de 39 millones entre los latinos de Estados Unidos. En ese sentido, los ejecutivos de la organización han afirmado que el crecimiento de la NFL “es matemáticamente imposible sin los latinos”.
El Super Tazón, pues, se ha convertido en algo más que un simple campeonato de fútbol americano. Se trata de uno de los eventos más televisados cada año en Estados Unidos y fuera de él, y se ha convertido en la principal fuente de ingresos publicitarios para las cadenas de televisión que la han retransmitido y, según cálculos financieros, ha servido de catapulta a los publicistas para iniciar grandiosas campañas de publicidad de nuevos productos. “La NFL ha crecido hasta tal punto de ser la más populosa en cuanto a espectadores de todas las ligas estadounidenses”, se dice en los medios.
Es el acopio del oro y su significado el que, finalmente, se privilegia en este tipo de asuntos, a su poder transformador al que alude Shakespeare en su obra Timón de Atenas: “¡Oro!, ¡oro maravilloso, brillante, precioso! ¡No, oh dioses, no soy hombre que haga plegarias inconsecuentes! (¡Simples raíces, oh cielo purísimos!) Un poco de él puede volver lo blanco, negro; lo feo, hermoso; lo falso, verdadero; lo bajo, noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente. ¡Oh dioses! ¿Por qué?”.
La actuación de Bad Bunny en el corazón de uno de los espectáculos masivos más vistos del mundo tal vez beneficie su reputación en varios aspectos. Las sociedades en momentos de opresión agradecen siempre cualquier posicionamiento en contra de las malas prácticas de sus gobiernos. El puertorriqueño y la industria que lo acompaña salieron ganando oro, ciertamente, pero un reproche inequívoco en contra de un planetarca a nadie le hace daño.
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