Guadalupe Correa-Cabrera

Cuba, México y el pragmatismo del poder en el Caribe

16/02/2026 - 12:04 am

"Las asimetrías de poder en el hemisferio siguen marcando el margen de acción de países como México y Cuba".

Cuba, México y el pragmatismo del poder en el Caribe
Buques de la Marina mexicana enviados a Cuba con ayuda humanitaria. Foto: Semar

Cuba atraviesa hoy uno de los momentos más críticos de su historia reciente. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero y el nuevo control de Estados Unidos sobre Venezuela y sus recursos energéticos han alterado de manera profunda el equilibrio político del Caribe y la región andina. Para la isla, que durante más de dos décadas dependió del respaldo venezolano, este acontecimiento marca un punto de inflexión. El sistema heredado de la revolución de 1959 parece, por primera vez, verdaderamente al borde del colapso.

Durante años, Venezuela fue uno de los principales sostenes económicos y estratégicos de Cuba desde la llegada de Hugo Chávez al poder. Incluso, hasta fechas recientes, la inteligencia cubana parecía mantener posiciones clave de apoyo al régimen chavista. La caída de Maduro no sólo desmantela ese andamiaje, sino que acelera el deterioro interno de la isla, hoy sumida en una crisis económica y humanitaria que se ha vuelto prácticamente inmanejable.

La inflación desbordada, la escasez crónica de alimentos y medicamentos y una población exhausta definen el presente cubano. A ello se suma una crisis energética de dimensiones mayores: apagones prolongados, falta de combustible y fallas constantes en las plantas eléctricas han generado niveles de presión social sin precedentes desde el triunfo revolucionario. En este contexto, y bajo lo que algunos han llamado el Corolario Trump —una versión reenfatizada de la Doctrina Monroe durante la segunda administración de Donald Trump—, el régimen castrista parece enfrentar un escenario que hasta hace poco parecía impensable.

Sin embargo, el posible final del régimen cubano difícilmente será el desenlace romántico que algunos exiliados imaginaron durante décadas. El proyecto socialista fracasó en su promesa de igualdad, no sólo por el bloqueo económico sostenido de Estados Unidos, sino también por los errores estructurales y la mala gestión de la nomenclatura cubana. Como en otros experimentos socialistas, la utopía derivó en miseria, desabasto y una fuga masiva de capital humano en busca de oportunidades fuera del Caribe.

En medio de este panorama desolador, México vuelve a aparecer como aliado de la isla. La relación especial entre ambos países se remonta a principios de los años sesenta, cuando México decidió no romper relaciones diplomáticas con La Habana. Desde entonces, distintos gobiernos mexicanos han mantenido gestos de cercanía política con el castrismo. Hoy, en plena crisis energética y económica, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido enviar ayuda humanitaria y energética a Cuba, presentando la decisión como un acto de solidaridad regional y defensa de la soberanía mexicana frente a Washington.

El oficialismo mexicano y sectores de la izquierda latinoamericana han celebrado la medida como un acto heroico de desobediencia ante Estados Unidos. No obstante, en la política real, las cosas rara vez son lo que parecen. Cabe preguntarse si este gesto no ha sido, en realidad, tácitamente avalado por la Casa Blanca, en un momento en que el régimen cubano ha moderado su retórica antiimperialista y se muestra dispuesto a entablar un diálogo pragmático con Washington.

Las asimetrías de poder en el hemisferio siguen marcando el margen de acción de países como México y Cuba. Frente a las nuevas prioridades estratégicas de Estados Unidos, no es descabellado pensar que estemos ante una coordinación silenciosa para administrar el declive cubano y evitar un colapso caótico que tendría altos costos migratorios y políticos. Como ocurrió en Venezuela, las élites cubanas podrían estar negociando una transición ordenada hacia un nuevo esquema de dependencia.

En política, la épica suele ser un disfraz del pragmatismo. Las asimetrías de poder en el hemisferio limitan severamente la autonomía real de países como México y Cuba, y obligan a sus élites a moverse dentro de márgenes estrechos definidos desde Washington. En ese contexto, la ayuda mexicana a la isla difícilmente puede leerse como un acto de rebeldía soberana. Todo indica, más bien, que responde a un cálculo compartido para administrar el colapso cubano sin desbordamientos regionales, particularmente en materia migratoria.

Así, lejos de desafiar a Estados Unidos, México podría estar actuando como gestor periférico del orden hemisférico, amortiguando los costos humanos y políticos de un régimen en decadencia con la venia de la Casa Blanca. La revolución cubana no está siendo derrotada por una insurrección popular ni por una intervención externa directa, sino por algo mucho más contundente: el agotamiento de su propio modelo y la lógica implacable del poder. Bajo el renovado Corolario Trump, la consigna no se reinventa; simplemente se aplica sin máscaras: América sigue siendo para los americanos.

Guadalupe Correa-Cabrera

Guadalupe Correa-Cabrera. Profesora-investigadora de Política y Gobierno, especialista en temas de seguridad, estudios fronterizos y relaciones México-Estados Unidos. Autora de Los Zetas Inc. Ver más

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