¿Se imaginan ustedes un México sin huevos? Ni rancheros, ni cocidos, ni revueltos, ni tibios, ni a la mexicana. Nada en la mesa del desayuno en casa, nada en la carta del restaurante. Falto de esencia el licuado bombazo de miles de burócratas de carrera por los puestos banqueteros para que el reloj checador no le descuente a uno el día. ¿Qué serían los tormentos chinos en que se han convertido el Periférico y el Viaducto a vuelta de rueda sin los remansos de los anuncios pollo-huevísticos de Bachoco?...”.
Por Ricardo Rocha
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