Julieta Cardona

Sobre el retrato del amor

01/12/2012 - 12:02 am

Le pregunté a la mujer de este retrato, sobre el amor. Me dijo palabras recias, me maravillé porque me embalsamó también por dentro:

«Alguna vez salí con un hombre que solo hablaba de sus ex. Me acosté con él para sacárselas de la cabeza.
Alguna otra salí con otro que solo hablaba de football americano. Me quedé con él un buen tiempo.
Otra ocasión salí con Damián; él hablaba de libros y filosofía, por eso solo le hice el amor a su cerebro.
Después salí con un hombre que hablaba de mujeres, de muchas mujeres. Casi me caso.
O como aquella vez de aquél que me encantaba pero escuchaba únicamente música de cañerías. Lo dejé, o me dejó, no recuerdo bien.
Luego conocí mujeres, pero esas, esas son historias tal vez más tristes».

Pero no nos desviemos (todavía), yo de lo que vengo a escribir el día de hoy es sobre la mujer del retrato; eso intento, eso creo, eso espero.

No sé de qué manera me he enamorado, pero sé que no se le parece a las otras ni siquiera un poco, lo sé por la calidad de la danza de mis manos sobre sus muslos; digamos que ese fue el primer síntoma de las cosas, como cuando el moquillo y la inflamación de las anginas son el preludio del puto resfriado que llega con tanta fuerza que pareciera la primera vez.

Entonces el retrato. Cabello largo (muy largo), cabello castaño oscuro, cabello ondulado, cabello hermoso.

Su piel, esa textura de los mil cielos despejados y de borregos en las nubes. Que si yo pudiera mudarme a algún lugar del mundo me voy a esos mil cielos de siete estrellas.

Sus manos o el paracaídas color carne.

Su boca o esos gemidos delirantes.

No puedo describir lo ojos más dulces porque lloraría por no saber cómo estar a la altura. Sus ojos y lo que no pueda describir tendrán que perdonarme algún día, si no sé cómo describir la divinidad de los cuerpos, menos podré intentar la de las almas, la de ella, esa única, esa polícroma, esa alma que solo se retrata una vez.

¿No les pasa que en los detalles más simples, mirando un poco más de cerca en la inocencia se dan cuenta que quisieran gastar todos sus años anclados al mismo par de labios?

«Alguna vez salí con una mujer porque sus piernas y sus manos eran hermosas, y a pesar de que no me enamoré, me dejó antes que yo.
Alguna otra vez me acosté una semana entera con una que me explicaba el mundo de la manera más pulcra. Casi me enamoro.
Otra ocasión salí con una artista que pintaba árboles en mi espalda, pero no tiraba la basura en su lugar. No funcionó.
Después estuve algunos meses con una donde el sexo era más maravilloso que la puta palabra, pero era todo lo que había, por eso me fui.
Finalmente me quedé en una que me regaló jazz, libros y chocolates en una sola noche.
Qué les digo de aquella que llegó con una botella de licor y después se me regaló.
En las que me quedé resultaron ser una, la misma, donde estoy, de donde no me muevo, la del retrato».

Después de todo qué importan las historias tristes.

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