Y es que a partir del ya célebre Pacto por México, en el que apareció risa y risa, y a la diestra del mismísimo presidente Peña Nieto, despertó las iras de los propios y las expresiones de asombro de los extraños. Entre sus congéneres del PRD y otros partidos de izquierda fue calificado de poco menos que traidor, según ellos por andar negociando a escondidas. Mientras que los críticos sistemáticos del perredismo siguen sin aceptar a Zambrano en los terrenos de eso que llaman la civilidad política.
Por Ricardo Rocha
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