Doy testimonio de algunos de los rituales amorosos a los que nos convocó hace años la tumba de Julio Cortázar en el cementerio Montparnasse. Y en la celebración de Rayuela reitero que en ese libro, como en muchas buenas novelas que documentan con imaginación las más extravagantes pasiones urbanas, el azar del deseo que une la historia como hilo invisible del collar de fragmentos narrativos que es Rayuela, no fue inventado por el autor, existe en la geometría de la ciudad y palpita en los amantes. Cualquiera que haya vivido allá radicalmente enamorado lo sabe. (Las fotos en que estoy sentado sobre la tumba de Cortázar fueron tomadas por el gran Daniel Mordzinski. El texto que leo es una versión breve del que incluyo en mi libro Elogio del Insomnio).
Por Alberto Ruy-Sánchez
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