Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer

La era de mala vecindad

"El ambiente interamericano que el Presidente Donald Trump inauguró a sangre y fuego en la madrugada del primer sábado de 2026 con el ataque no provocado a instalaciones venezolanas y el secuestro del Presidente de ese país, Nicolás Maduro, ya puede designarse como la era MV".

Es posible que el tres de enero de este 2026 pase a ser considerado como el inicio de una nueva era en las relaciones entre Estados Unidos y el resto de los países de nuestro hemisferio. En todo caso se tratará de la “Era de la Mala Vecindad” (MV) y que inevitablemente contrastará con aquella llamada “de la Buena Vecindad” o BV en los años de 1930 y 1940.

Fijémonos en el contraste. En 1933 el Presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt inauguró la que se llamó la BV entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe. En contraste, el ambiente interamericano que el Presidente Donald Trump inauguró a sangre y fuego en la madrugada del primer sábado de 2026 con el ataque no provocado a instalaciones venezolanas y el secuestro del Presidente de ese país, Nicolás Maduro, ya puede designarse como la era MV. Este nuevo tiempo, que nadie sabe cómo evolucionará ni cuánto durará y al que Donald Trump ya decidió bautizar como el de la Doctrina Donroe
(desafortunada combinación de “Donald” y “Monroe”), está definido en sus grandes líneas en un documento signado por Trump y titulado National Security Strategy y que desde la perspectiva de la soberanía del conjunto de países de nuestro continente se puede considerar como un auténtico manifiesto de la MV.

La razón de ser de la política interamericana de Franklin Roosevelt y que se mantuvo vigente entre 1933 y 1954, consistió en un esfuerzo de la potencia hegemónica por lograr, por las buenas, que nuestro continente se mantuviera al margen de los efectos desestabilizadores del derrumbe del sistema internacional de la época y que desembocaría en la II Guerra Mundial.

La esencia de la BV fue un compromiso formal del gobierno de Washington de renunciar al uso unilateral de la fuerza en sus relaciones con los países de América Latina. Y es que esas relaciones de fines del siglo XIX e inicios del XX se habían caracterizado por ser un rosario de acciones armadas norteamericanas en los países vecinos: Cuba, Haití, Colombia, Panamá, Nicaragua, Honduras y México. De ahí que la propuesta de Roosevelt fuera más que bienvenida por los latinoamericanos, especialmente por el México del Presidente Cárdenas pues eso le facilitó llevar a cabo las reformas agraria y petrolera prometidas por la Revolución Mexicana. Sin embargo, la BV resultó ser sólo una coyuntura de apenas dos décadas. Y si los prolegómenos de la II Guerra Mundial fueron los eventos que propiciaron el diseño de una BV que aislara al hemisferio de las tensiones en Europa y Asia, la coyuntura desapareció con el inicio de la Guerra Fría.

A partir de la invasión de 1954 de Guatemala por un pequeño ejército mercenario de guatemaltecos encabezados por el coronel
derechista Carlos Castillo Armas y organizado por la CIA, Washington puso un violento fin al gobierno reformista de Jacobo Árbenz al que acusó de comunista. A partir de entonces la lógica de la Guerra Fría sería la razón de ser de la política de Estados Unidos en el continente y en el mundo. Washington se empeñó entonces en apoyar a los gobiernos de derecha y a organizar o alentar los cambios de régimen en nombre de combatir el “comunismo soviético y fortalecer la democracia”. Pero en realidad en América Latina se trató de una reafirmación del predominio de los intereses políticos y económicos de Estados Unidos. Y si bien esta política falló abiertamente en el caso de Cuba a cambio tuvo éxito en sus términos en Granada, Panamá y República Dominicana y en su apoyo y alianza con las dictaduras militares en países de mayor calado en la América del Sur: Brasil, Argentina Uruguay y Chile.

Con el fin de la Guerra Fría al finalizar el siglo XX se pudo pensar que también en el fin de la obsesión anticomunista de Washington lo que daría paso a una política de mayor tolerancia de las decisiones de aquellos países latinoamericanos que optaran recorrer rutas nacionalistas y de centro izquierda. Y es que en diciembre de 2014 el gobierno de Barack Obama aceptó llevar a cabo un gran viraje en su política cubana y estableció relaciones diplomáticas con La Habana. En el caso de México Washington ya no se afanó en apoyar al PRI o al PAN y no obstaculizó el acceso al poder del lopezobradorismo. Sin embargo, ese “dejar hacer y dejar pasar” de Obama no se aplicó en el caso venezolano y hoy el trumpismo eligió justamente a la Venezuela chavista como el sitio y el momento adecuado para inaugurar de manera espectacular su política de MV. El socialismo de Venezuela no sólo le es ideológicamente repelente a una derecha extrema como la de Trump, sino que además controla las mayores reservas petroleras probadas del mundo, (303 mil millones de barriles de petróleo) que Trump no ha declarado que le fueron ilegalmente nacionalizadas y deben volver a ser explotado por su legítimos dueños: las grandes petroleras norteamericanas como Chevron, Conoco o Exxon.

Desde luego que entre los motivos de Trump para atacar a Venezuela destaca la acusación de la Casa Blanca en el sentido que
Maduro era un “Presidente narco”. Sin embargo, los documentos hasta hoy esgrimidos por la fiscalía norteamericana no lo prueban sino apenas de actos de complicidad y contrastan con el hecho de que Trump acaba de indultar a un expresidente centroamericano sentenciado a 45 años de prisión justamente por ser el eje de una verdadera organización de narcotraficantes de cocaína: Orlando Hernández, de Honduras.

Quizá la razón verdadera y de fondo del ataque a Venezuela y del secuestro de su Presidente la ha dado directamente uno de los arquitectos de la operación, el siniestro Stephen Miller. En una declaración a Jake Tapper de CNN ese consejero presidencial afirmó: “Vivimos en un mundo, en un mundo real, Jake, que está gobernado por la dureza, por la fuerza, gobernado por el poder” (New York Times, 01/06/26). Y como Estados Unidos dispone de una fuerza enorme y está gobernado por un político “realista” de derecha extrema, es que ha decidido usar a Venezuela y a su petróleo para mostrar al mundo que la soberanía de todo un continente reside en Washington y sólo ahí, y que en Venezuela sus procónsules serán el ya mencionado Miller, más Marco Rubio del Departamento de Estado, Pete Hegseth del Departamento de Guerra y el Vicepresidente Vance.

De imponerse finalmente la MV significaría no sólo acabar con la soberanía de Venezuela y de todos los países del continente sino tirar por la borda la esencia del derecho internacional y de paso anunciar que por lo que respecta a Estados Unidos potencias como China y Rusia pueden operar en sus zonas de influencia exactamente como Washington lo hace en la suya.

Con la misma claridad que Trump, pero en sentido opuesto la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum ha hecho público el total desacuerdo de México con la “Doctrina Donroe” y en esta postura le acompañan los gobiernos de Brasil, Chile, Colombia y España. Desde hace más de un siglo nuestro país no enfrentaba una coyuntura en su relación con el país vecino tan potencialmente peligrosa como la actual.

Lorenzo Meyer

Lorenzo Meyer Cossío. Es historiador y politólogo especializado en las relaciones internacionales y en los procesos políticos de México. Obtuvo su licenciatura y doctorado en Relaciones Internacionale... Ver más

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