La producción industrializada de carne es un gran problema que pone en riesgo ecosistemas importantes para la lucha en contra del cambio climático. Foto: Ricardo Castelan, Cuartoscuro.

Por Viridiana Lázaro*

El apetito que las personas tienen por la carne está poniendo en riesgo la salud humana y la salud del planeta. La producción industrializada de carne es un gran problema que pone en riesgo ecosistemas importantes para la lucha en contra del cambio climático. Esta industria atenta no solo contra especies silvestres, también contra la libre determinación de los pueblos indígenas. Tal es el caso de la industria porcícola en la Península de Yucatán, un caso icónico que no se puede perder de vista.

En los últimos años la Península de Yucatán ha sido blanco de diversos proyectos extractivistas que ponen en jaque la viabilidad de los ecosistemas y su conservación tal y como los conocemos ahora.

La Península de Yucatán alberga cuatro sitios protegidos por la Convención de Ramsar, un tratado internacional que protege humedales, como Laguna de Términos, la Reserva Geohidrológica Anillo de Cenotes, el Parque Estatal Laguna de Yalahau y la Reserva de la Biosfera Ría Celestún. La Reserva Geohidrológica Anillo de Cenotes es una de las áreas naturales protegidas mayormente afectadas, por un lado, debido a la fragilidad del ecosistema y en segundo lugar porque en esta zona es en donde se han construido la mayor cantidad de granjas porcícolas: 36 en total, con registro en alguna base de datos oficial (1).

La construcción de granjas porcícolas cercanas a las comunidades afectan directamente a las comunidades mayas, perjudicando su calidad de vida, violando su derecho a la libre determinación, a un medio ambiente sano y a la salud. Además de que contribuyen a la contaminación de los cenotes con las aguas residuales que contienen los desechos de los cerdos. La contaminación de los cenotes y el mal olor que se desprende de las granjas industriales afectan las actividades económicas de la zona, como son el ecoturismo y la apicultura.

Por tal motivo, el año pasado Greenpeace México e Indignación A.C. respaldaron a 21 comunidades mayas que interpusieron una denuncia regional dirigida a los titulares de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente del Gobierno Federal (Profepa), Blanca Alicia Mendoza Vera; la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Blanca Jiménez Cisneros; y de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Gobierno Federal (Semarnat), María Luisa Albores González con una serie de preocupaciones respecto a la omisión del Gobierno de consultar a los grupos indígenas antes de aprobar las granjas porcícolas industriales que atentan contra el medio ambiente y los derechos humanos de las comunidades. De esta última no se ha obtenido respuesta.

Asimismo, hace unos días se solicitó oficialmente una moratoria ante las mismas instancias ante las cuales se presentó la denuncia regional en la que participaron El Centro para la Diversidad Biológica, Greenpeace e Indignación A.C. En esta solicitud se instó al Gobierno mexicano a respetar el derecho soberano de las comunidades indígenas, según la ley mexicana, a los derechos humanos básicos, incluida la autodeterminación y la consulta sobre la concesión de permisos y el funcionamiento de las granjas industriales en expansión en los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, así como atender la solicitud de los pueblos mayas de una moratoria sobre todas las aprobaciones de nuevas de granjas industriales porcinas y ampliaciones, hasta que se resuelvan los problemas de los derechos del pueblo maya y el daño a la calidad del aire, el agua, la biodiversidad y la salud humana. Esto con el fin de evitar que la industria porcícola siga creciendo desordenadamente poniendo en riesgo al ambiente y los derechos fundamentales de las comunidades mayas.

Es necesario que no solo se detenga esta actividad depredadora, también se debe buscar transitar hacia un nuevo modelo agroalimentario que sea ecológico; en el que se persiga la soberanía alimentaria, el cuidado del ambiente y el respeto a los derechos humanos. Necesitamos un nuevo modelo en el que no se opte por las fábricas de cerdos, en las que miles de animales están confinados en pequeños espacios en contacto con sus desechos, pues esto resulta ser un caldo de cultivo perfecto para nuevas enfermedades. Por tal motivo, es urgente que se cambie el modelo agroalimentario de raíz, y la regulación de las granjas porcícolas es un buen comienzo.

*Especialista en Agricultura y Cambio Climático

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1. Greenpeace. 2020. La carne que se está consumiendo al planeta.