“Las pobrezas no sólo están develadas por la falta del dinero/ingreso, sino además […], por una carencia de derechos sociales…” Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro

En la actual crisis sanitaria que desafortunadamente vivimos, me quiero referir al término de configuración para hablar de un escenario dinámico de la vivencia de las pobrezas, permítame explicárselo. A diferencia de términos como de “situación de pobreza” o “contexto de pobreza”, que hacen alusión a ideas más estáticas de la vivencia de la pobreza o a escenarios externos, físicos y/o materiales relacionados con la pobreza, el concepto de “configuración de la pobreza” se refiere a un dinamismo en la manera en cómo las personas, los grupos, las familias y/o las empresas viven la pobreza en un determinado lapso de tiempo. Se les denomina pobrezas porque pueden ser pobrezas de tipo extremo, moderado o en un determinado tiempo pueden dejar de ser pobrezas para luego volver a serlo. Voy a poner un ejemplo, veamos. Un padre de familia acaba de obtener su quincena, paga todas sus deudas los primeros días de su quincena, vive solvente la primera semana de su quincena sin deudas, pero la segunda quincena ya vive limitado y los últimos días de esta ya no le alcanza y tiene que pedir prestado o inclusive tiene que empeñar algo, vive como pobre, pero no era pobre al inicio de la quincena porque inclusive estaba ganando arriba de la línea de bienestar. Esto nos habla de problemas de administración financiera, pero también nos dice que guiarnos por el ingreso no nos dice todo para saber cómo se vive la pobreza en un hogar, hay que saber no sólo cuánto se gana sino quién lo gasta, cómo se gasta y cuánto se gasta, es decir; cómo se distribuye el ingreso desde una perspectiva de género.

Además, las pobrezas no sólo están develadas por la falta del dinero/ingreso, sino además, como ha señalado el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social CONEVAL, por una carencia de derechos sociales como lo pueden ser: educación, salud, seguridad social, alimentación, vivienda, cohesión social.

A pesar de que se dice que en México el 80 por ciento de las y los mexicanos son pobres (extremos y moderados) ser pobre pareciera seguir siendo ser un tabú ya que, en muchas ocasiones cuando en mi trabajo de campo pregunto ¿qué es ser pobre?, la respuesta siempre remite al otro, el pobre siempre es otro que no es uno, la otredad de la pobreza…o mejor aún, uno termina diciendo, siempre hay alguien más pobre que yo, por ejemplo, el “pobre de espíritu”, “el pobre por amor que no tiene a quien llorar”, lo cierto es que la pobreza es un tema antiguo en el que todas las personas cabemos de manera objetiva como lo han hecho con la medición del ingreso hecho  o subjetiva como algunos estudios sociológicos de algunas décadas de mediados del siglo XX.

A mí me interesa situarme en un debate cuando dicen de que “el pobre es pobre porque quiere”, creo que eso se opone a la idea de una pobreza que entiendo como pobreza estructural. Cuando se dice de que el pobre es “pobre porque quiere” se parte de que esa situación sólo dependió de una persona (el pobre) para estar así, fue su elección personal para estar así y de nadie más, y ante tales circunstancias nada se puede hacer porque es su libre albedrío, (culpa debería tener, alguien pudiera pensar…), pero cuando pensamos que es estructural creemos que es pobre no solamente a probables malas decisiones o no, sino a la carencia de derechos sociales en torno a la vivienda, mala nutrición, falta de acceso a la salud y a la educación y problemas con el ingreso o desempleo así como problemas familiares e históricos relacionados con la pobreza: adicciones, violencia, embarazos no deseados, desigualdades de género, hacinamiento, y un largo etcétera.

Es por eso que pensamos que las y los pobres están integrados a esta sociedad, pero de manera excluyente, de manera defectuosa, porque no están en condiciones de equidad respecto al 20 por ciento restante de la población. Se tiene un gran trabajo para acortar las desigualdades, vivimos en un mundo muy desigual, ricos muy ricos, pobres muy pobres, y clases medias muy dinámicos que entran y salen de la pobreza en medio de mucha incertidumbre laboral.

En esta crisis sanitaria se nos ha confinado a ser home office, y a tener clases en televisión y por internet, para los hogares y familias pobres esto ocasiona varios problemas, ya que para empezar, está el hacinamiento, no se tienen las condiciones de trabajo optimas de las herramientas, la calidad de los recursos no pueden ser las mejores, el ruido en las colonias populares puede ser excesivo, si a eso le sumamos que la violencia, adicciones, relación con vecinos pueda ser problemática, no se consideraría el mejor escenario para un clima propicio de aprendizaje para un tiempo prolongado, además acentuaría la carga de trabajo y cuidado para las mujeres por lo que no sería equitativo para ellas.

Y es precisamente el tema de la equidad lo que debemos considerar en todo esto. ¿Se debe evaluar de la misma forma el aprendizaje en las y los niños en estas condiciones?, ¿la productividad del home office se esperaría que fuera la misma en estas condiciones?, ¿qué responsabilidad tiene el Estado ante estos escenarios de los hogares de inequidad? Recordemos que tenemos firmados acuerdos internacionales para acabar con la pobreza de los hogares, ese es el Objetivo Número 1 de los Objetivos del Desarrollo Sustentable. Ni más ni menos.