Nosotros los proles no tendríamos por qué ofendernos de que nos digan proles. No hay nada indigno en no ser dueños de una fortuna o hijos de personas adineradas y tener que ofrecer un trabajo a cambio de un salario. Lo que es verdaderamente despreciable es el racismo y el clasismo tanto de una niña rica como de una mujer de la farándula que, pasada de copas, nos llaman “proletarios”. No me sorprende que las personas que carecen de cultura traten de desprestigiar a los demás por su condición social.
Por Amandititita
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