Hoy hace un poco más de sol, apenas, pero es ese sol de invierno, mortecino, que no caliente realmente, que sólo quema, que sólo deslumbra. Parecía que ya se había acabado el frío. Parecía que se podrían sacar de nuevo las camisas de manga corta, los sacos de lino y la disposición a comer y patios y terrazas. Pero no. Sobrevino una onda polar y seguimos en el mundo de las botas y en el mundo de las bufandas y en el mundo de los abrigos.
Por Nicolás Alvarado
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