RAE
suficiente.
(Del lat. sufficĭens, -entis).
1. adj. Bastante para lo que se necesita.
2. adj. Apto o idóneo.
Dijo que se iría de viaje para saber si nos extrañábamos lo suficiente, si nos éramos suficientes la una para la otra. Me dejó una nota tan corta como la vida de nuestro primer pez que se indigestó por tanto alimento. Un día, sin más, Nina (nuestro pez), amaneció boca arriba. Ambas lloramos y ahí comenzó otra de nuestras tantas historias de amor porque en una no cabe todo lo que la quiero.
Yo jamás quise que se marchara, pero no pude evitarlo, entonces esperé hasta no poder más.
Pasaban las semanas y de repente, regularmente de manera impredecible, me llegaba al correo convencional alguna breve carta atrasada que era cortada de tajo tal como los árboles plagados:
«El viento sopla fuerte por aquí, mi cabello revolotea en toda dirección como si quisiera escaparse y dejarme desnuda como el cielo por las noches.
Las calles son frías, pero a veces parece que revientan de color también frío. Hay rojo deslumbrante que se funde con negro infinito; las luces son verdes, pero no importa porque al final es luz.
Me gusta pensar que quienes viven aquí sí se conocen porque me recuerda que nosotras también.
Ayer caminé mucho, espero que lo suficiente. Pisé muchas hojas secas y el rugido me recordaba cómo es el sonido de un corazón cuando se rompe».
«Me gusta cómo se aprecian los fresnos; a veces paso tanto tiempo perpleja ante el rojo fuego de los robles porque me recuerda cuando nosotras también.
¿Cómo fue que nos enamoramos sin conocernos lo suficiente?».
«Este azul anochecido me recuerda a Nina, ¿cómo fue que la quisimos tanto en tan poco?».
La verdad es que yo no estaba segura de comprenderlo todo, ni siquiera sabía si podía, si debía, si era necesario, si algo. Ella y yo teníamos las mismas preguntas.
Otra vez sin saber cómo, me enfrasqué en mi oficina tratando de editar otra cosa que no fuera mi vida; buscaba insistentemente salir de un mundo que había construido para ella y para mí, pero nunca pude.
No me gustaba dormir porque la noche me daba respuestas que no quería escuchar, entonces escribía incesantemente corrigiendo todas las cartas que nunca le envié porque siempre tenía las respuestas correctas para las preguntas que nunca llegaban.
Mi amor por ella fue a primera vista, igualito que en las películas, así. Y me pareció suficiente, tan suficiente que caí en un enamoramiento infinito como el negro de sus breves pero siempre filosas palabras.
Después de meses me arriesgué, fui al correo y dejé lo siguiente:
«La idea de querernos en lugares diferentes ya se me había ocurrido, lástima que solo pudiste amarme una vez, y fue suficiente».
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