Mariana Gallardo (@mariagpalacios) habló de besos que matan de risa. Yo vengo a hablar de besos memorables, de besos nostálgicos, de besos de figuras retóricas, o algo así.
besar.
1. f. cult. Catarsis entre dos bocas que se ansían.
¿Por qué besamos? Será esa necesidad inherente de expresar lo que las palabras no pueden, será que besar es aprender a hablar, pero sin voz, por eso, comencemos.
Amo besar con soundtrack de fondo. Yo conocí la canción “El marido de la peluquera” porque alguna vez salí con una cantante; la canción me dolía un poco, y otro poco la mujer aquella, pero todo cambió una noche de otoño cuando esa canción se convirtió en uno de los mejores besos de mi vida. Fue como si los labios que besé durante esos 3 minutos y 45 segundos me limpiaran por dentro de todo mal recuerdo. Fue como si la historia de ese también roce de comisuras se alineara con las bandas sonoras para escuchar a Pedro Guerra como si nunca lo hubiera hecho. Y me parece justo porque con esa mujer —a quién besé más de 225 segundos mentales, muchos más– hice todo como si fuera la primera vez.
O como aquél beso que terminó en la explosión de sensualidad derivada por las caricias y gemidos de dos mujeres en una cama, porque por supuesto, hay besos que siendo el preludio de la locura, se retienen más en la memoria que toda una noche de guerra entre cuerpos desnudos. ¿Recuerdan la pasmosa escena de la película “El Cisne negro” entre Natalie Portman y Mila Kunis? Bueno, lo mío fue un poco mejor.
Ningún beso duele más que el de una despedida. ¿Por qué besamos antes de despedirnos para siempre? Seremos tontos, masoquistas o unos románticos irremediables. Es el beso donde se le aprieta “parar” a la memoria, donde se le llena de parches al corazón, donde caben ambos porque no cupieron en otro lugar.
Luego el beso más esperado de todos los tiempos. El único que necesitas para saber que tu destino es con la otra persona y nada más. Recuerdo que la lluvia era la música y su indecisión mi puta tormenta porque aunque no nos habíamos despedido, no sabía si volveríamos a vernos. Entré a un bar solitario como yo y llenito de jazz también como yo; de pronto el destino: frente a mí la mujer que amaba y el beso que me mudaba al cielo.
Lo cierto es que ese beso lo inventé, nunca sucedió. Algunos dicen que me faltó desearlo, desearla, desearnos; yo digo que aprendí a perdonar porque nunca me amó, que imaginé la escena para darle un final honorable a aquella historia muerta.
¿Qué besos nos tendrá Alma Delia (@Almitadelia)? Leamos y juntemos un par de besos, de preferencia que no duelan.
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