El deseo transforma al cuerpo en eco de la naturaleza. Todos los instintos corren en la sangre que hormiguea. Hacer el amor es también y sobre todo delirar. El cuerpo se transforma, deja de controlar su multiplicidad y se vuelve hambre y sed y misión posesiva: emprende con lo que toma de todas partes la construcción meticulosa del cuerpo enamorado.
Por Alberto Ruy-Sánchez
MÁS EN Opinión
Jorge Zepeda Patterson
Inseguridad, percepción y realidad
""La percepción del público es que los crímenes han aumentado, cuando en realidad es la exposición de..."
Muna D. Buchahin
Generadores de corrupción
""Los generadores de corrupción son personajes de la iniciativa privada y la política que están entre..."
Rubén Martín
Acuerdo raro sobre minerales y tierras
""Por decisión propia, por compromiso o por presión, el Gobierno mexicano anunció la firma del Plan d..."


