En el pueblo montañoso de Real del Monte hay un cementerio distinto. No tiene la belleza popular ni el colorido de la fiesta incesante del salto a la otra vida, de la invocación constante de los que se fueron, que encontramos en muchos cementerios mexicanos. Es un cementerio conservado como reliquia de otra cultura y de otro tiempo. Ruina de mineros ingleses y su concepción del mundo, del aquí y del más allá. Un rincón de belleza involuntaria entre las sombras enmohecidas del bosque. Del lugar común a la extravagancia, entre ángeles adormilados y rosas frescas de piedra, ¿te gustaría una tumba en forma de librero? ¿A qué se dedicaba este muerto encuadernado?
Por Alberto Ruy-Sánchez
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