Ya sé que no me preguntaste
cómo me fue hoy porque
estás enojada conmigo,
pero igual te diré:

En la mañana
me comí un pancake de chocolate
con mota. Me apendejé.
Me preguntaron que si había
bebido de más. Dije que sí.
Pedí otro pancake.
Me preguntaron que si
estaba segura. Dije que no.
Igual me lo comí.
Y pensé en ti, ¿pensaste en mí?

Hoy no fue un buen día,
también perdí dinero,
me peleé con mi madre,
olvidé mi dieta con tanta cerveza,
me tropecé y me di un golpe
que sólo Dios Padre sabe,
se descompuso el estéreo
de mi auto y se me ocurrió
abrir la puerta a los testigos de Jehová.
Pero salí de casa queriéndote más,
y eso, eso
nadie me lo quita,
ni siquiera tú.

Llegué del trabajo y te pregunté
que si pensaste en mí,
que si todo estaba bien porque sé
que preguntarte te pone nerviosa
y me agarras a besos,
y me gusta,
y me da risa,
y entiendo que sí, que todo está bien.

Pero te volteaste
y te anclaste a tu almohada sin mirarme
y no me dejaste decir que prometo
aprender sobre constelaciones en
el cielo para platicarte cuando
no puedas dormir,
y muchos besos cuando no puedas dormir,
y otras cosas cuando no puedas dormir.

Me acosté a tus espaldas
y como tú te anclaste a tu almohada
yo me anclé al delirio
de que pensabas en mí
y que por tanto decirte un día,
lo hagas en automático
como los robots que lloran
y te despiertes conmigo en la cabeza,
y en las manos
y en los pancakes
y ese mismo días me olvide
para siempre de repetírtelo.

 

@hartatedemi

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión