«Querida amiga:
Me desperté y todo seguía igual: la cafetera sucia, el teléfono sin batería, la ropa en el piso y el microondas entreabierto. ¿De qué nos sirve entonces todo el esfuerzo en nuestros sueños?
No sé desde cuándo estoy triste, si desde que el iriólogo me dijo “su tristeza viene de sus pulmones” o desde que Homero –la mascota que ni conociste– murió. O desde siempre.
Mira: sé que estoy triste cuando caigo en la cuenta que miento de más. Como aquella vez que dije “pronto moriré cerca de mi lugar favorito: el mar”. Entonces de inmediato sé que no tengo intenciones de morir –al menos no pronto–, es más, el mar no es mi lugar favorito porque ni siquiera lo conozco, já.
Discúlpame por no haber escrito antes, no sabía muy bien cómo o qué, la mayoría de todo lo que pasa no lo tengo claro desde que decidí huir. O desde siempre.
A lo largo de estos meses me he encontrado con personas que no quieren ser ayudadas, y me parezco, y no me sorprende, me rompe el corazón. ¿Será que a ti también te ocupan mis ganas de llorar?
¿No te parece gracioso, querida amiga, que mi ciudad me haya expulsado de sus suelos porque a ella también le dolía el corazón? Porque para que una ciudad viva, una tiene que recorrer sus calles y yo le besaba los dientes y la boca en cada una de las esquinas donde hasta las putas sentían celos, a la mujer que me mató de amor.
¿No te parece gracioso, querida amiga, que de ríos y poblaciones enteras entre la ciudad mía que dejé y esta en la que estoy, se colaran los recuerdos que ya no quiero? Será que la mala suerte me persigue.
He pensado también que ahora que estoy más cerca de los errores que cometí, se me revienta ese, el más sublime donde le aposté todo a la mujer que me mató de amor: “Porque en serio, mi amor, si sobrevivimos a la primera vez, lo habremos entendido todo”. Sobrevivimos a más de una y nos dejamos porque hay lugares que, por más hermosos que se aprecien, están destinados a romperse para que no dejen de ser hermosos errores.
¿Cuándo será que entenderemos la carga de cada palabra que decimos?
Querida amiga, perdona mi ausencia y mi aparición en medio de tantas preguntas, no sé cuándo regresaré al correo postal, pero por fin entiendo que estoy lejos de volver cuando siento que si suspiro con más fuerza, con un poco de suerte y buena voluntad, el soplo del viento podría cambiar de dirección».
@hartatedemi
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