Las historias de la calle son las que se me pegan, por eso casi no salgo, porque las siento como propias y se me pega la nostalgia ajena, porque todos tenemos historias tristes y cuando escucho un par se me pega la nostalgia ajena, no importa cuántas veces lo repita porque son de esas cosas que ni diciendo diez millones de veces se esfuman: se me pega la nostalgia.
La cosa es que salí a caminar porque sentí la necesidad de escuchar qué decía la gente, entonces qué mejor lugar que una iglesia; me metí al confesionario, pero del lado del que escucha y castiga:
Señor intermediario, descubra la ventanilla solo a la mitad porque he pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Mis padres deseaban un hijo fuerte, varonil, dichoso, siempre guiado por la verdad, pero me tuvieron a mí.
Señor intermediario, he violentado los mandamientos de su libro sagrado. He matado a un Diego, a un Mateo, a un Isaías. He fornicado con una Estér en un lugar que yo creí igualito al paraíso. He cometido violación seis veces, seis días de la semana y seis veces a la misma mujer.
No amo a mis padres porque yo tampoco me sentí amado, ni siquiera los domingos, ni siquiera el día que descansaba Dios.
He mentido todos los días de mi vida y la única vez que amé a una mujer, me dejó y después me olvidó.
Y no, no amo a Dios sobre todas las cosas, tal vez ni siquiera sobre una.
Señor intermediario, descubra la ventanilla completa y si quiere gríteme la penitencia que debo cumplir.
Me fui, ¿qué sabía yo de penitencias?
Y sintiendo las palabras escuchadas como propias se me pegaba la nostalgia. Me pedía ser justa y mantener la calma tanto como la culpa. Lamentaba no ser fuerte, ni grande, ni dichosa, ni etcétera. Lamentaba que mis padres hubieran deseado no tenerme y en su lugar me tuvieran a mí. Lamentaba todo lo que no era mío porque se me había pegado la nostalgia.
Llovía y también me llovía por dentro.
Caminé de regreso a casa, ya había sido suficiente. Las personas somos historias grandes, pequeñas, de iglesia, de banqueta, de amor violento, de creencias débiles; las personas somos guerras, somos el diablo también, somos el pecador y el otro, somos todo eso más un poquito de nostalgia.
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