
La mujer de esta historia se llama Mariana.
Mariana está por cumplir los 30. Para festejar compró un viaje a La Habana para dos: Paula (la mujer de su vida) y ella. Faltan solo tres días, pero nunca empacó porque una de sus corazonadas. Ya sé, ya sé, las mujeres y sus corazonadas. Las mujeres y sus malditas corazonadas.
Es domingo. Paula citó a Mariana en un bar. Terminaron su relación después de una copa de ron. No, mentira, Paula terminó con Mariana. Y frente a Mariana, del otro lado de la avenida del bar, un letrero gigante: “Yuan shui yan” Expertos en defensa personal. Nada, solo un poco de risa. Solo un chingo de risa.
Abro paréntesis. ¿Cómo puedo explicarles el romance de Mariana y Paula para no tener que contarles toda la historia? Era algo así, pongan atención:
—Yo tengo muchas deudas, pero mis ganas por invitarle una copa son aún mayores, bella y noble dama— le dijo el caballero en harapos.
La dama accedió, se bajó de la carroza, se descalzó y caminó al lado de aquél hombre como si el pueblo estuviera ciego.
Cierro paréntesis.
Mariana se retira a casa hundida en lágrimas y desconsuelo. Hoy es uno de esos días en los que no entiende nada, y por nada me refiero a ni puta madre.
Por ejemplo: no entiende a Paula, no entiende por qué no se arrepiente, no entiende por qué Paula no toma un estúpido taxi hasta su casa, por qué no la busca rápido si también la quiere.
No entiende que ella misma debió decirle a Paula que por favor no, que la gente se equivoca cuando dice que por el amor verdadero no se lucha. Mariana no entiende mucho, pero no está de acuerdo, piensa que luchar está bien; se pone sus converse negros, una sudadera y toma las llaves de su auto: tiene que ver a Paula pronto y besarla antes de decirle cualquier cosa. Tiene que besarla antes de decirle cualquier cosa. Tiene que besarle las manos, cerrar los ojos, abrirlos y esperar que el destino la deje con ella otra vez, aunque sea otro poquito. Muy poquito.
Por ejemplo: Mariana tampoco entiende la velocidad. Ha corrido mucho y, me parece, muy rápido; ha andado en bici, me parece, muy rápido; ha volado en sueños hasta Egipto, me parece, muy rápido, y ha sentido el corazón tal vez un poquito más rápido, sobre todo cuando algo está a punto de tronarse.
Mariana corre en auto a más de 200. Quiere decirle a Paula (después de besarla): Ojalá que el destino vuelva a ponernos juntitas, pero si no, ya me puso una vez.
El auto entiende velocidad y muerte, no amor y vida. Por fin Mariana también.
Mariana nunca llegó y eso que Paula, sin saber que iba, la esperaba junto a la puerta arrepentida.
MÁS EN Opinión
Alejandro Páez Varela
Qué debilita a la Presidenta. Notas.
""El punto es que mientras esos políticos y otros más sigan cerca del proyecto de la 4T, siempre se l..."
Jorge Zepeda Patterson
Manual para sobrevivir a un ataque de Trump
""Asumiendo, sin conceder, que Trump informe al mundo cualquiera de estos días que Estados Unidos ful..."
Muna D. Buchahin
Anonimato
""El anonimato en las comunicaciones, alguien que tenga teléfono que no esté registrado como millones..."


