Julieta Cardona

Sobre dejar el pasado en su lugar

03/08/2013 - 12:00 am

Ilustración de Santanna Lozano.
Ilustración de Santanna Lozano.

Sentada en la banqueta afuera de un Denny’s mientras tomaba vino en tetra pack me percaté de que un chico de unos 27 años me dibujaba; él estaba adentro del lugar y me observaba con insistencia; yo hacía como si estuviera ignorando todo lo que había a mi alrededor hasta que el chico salió y me aventó una servilleta de papel hecha un bollo.

No vi opción más viable que levantar la mano derecha casi reventándole el dedo medio entre el ceño, pero él, en lugar de molestarse conmigo, soltó tremenda carcajada.

El dibujante comenzó a hablar y no le presté atención sino hasta que dijo “caminando en la mañana me sentía un tipo sin suerte hasta que me metí a este maldito Denny’s”.

No lo tengo muy nítido, pero me parece que después de ese momento incluso me comporté amorosa e iniciamos una plática que no terminó a pesar de haber amanecido en el mismo lugar.

Un dibujante enojado con su pasado y yo nos habíamos encontrado. Él me había dibujado a través de un vidrio, yo le había hecho señas obscenas y de pronto jugábamos a hacer el amor. Una chica enojada con su pasado tomando Merlot en Tetra Pak y un dibujante se habían encontrado. Benditas historias de cama que comienzan en la calle y maldito amor que no llega porque sigue atorado en el lugar común de ambos resentimientos: el pasado.

Me llamo; tengo; yo un día; vivo en; me gusta; detesto; amo que; lloro mucho porque; siento que; pienso que; vuelvo a llorar porque; amé más de tres veces a la misma persona, etcétera. Entonces entre palabras se escapaban las historias que más nos hacían llorar para después abrazarnos con todo y el dolor que no nos cabía. ¿Cómo describir que nos abrazábamos como queriendo sacarnos el pasado de las entrañas?

Que si hubieran visto el calor y el miedo no lo creerían; yo le besaba los hombros y le brotaban llagas por los infiernos que yo llevaba dentro. Un escenario injusto para un hombre perfecto, pensaba.

Insights. El dibujante y yo, en el curso de la noche —y todo lo demás—, comprendíamos mucho, entre tanto: que me perdía del presente buscando la manera de que regresara a mí alguien que no me quería, que él también; que el dibujante pasaba tardes enteras esperando que el teléfono sonara, que yo igual que él; que nos volvíamos ciegos buscando que la suerte, por sí sola, mejorara, que él más que yo y viceversa. Al final prometimos encontrarnos en otro momento sin importar si pecábamos por destiempo.

Estábamos rotos y así nos aceptamos, no vaya a ser que el destino, en una de esas, nos arroje al pasado de quien decidimos amar.

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión