La práctica cotidiana de tocar lentamente las partes del cuerpo donde despierta la fuerza amorosa, la "naysa" según el Kama Sutra de piedra, otorga a lo humano la posibilidad de reunirse con lo divino en el tacto. La vida cotidiana, con toda su voluptuosidad y su belleza adquiere ahí una intensidad única.
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