
El nuevo orden colonial e imperialista de Estados Unidos anunciado por Donald Trump, desde su toma de posesión en enero de 2025 ha cobrado su primera víctima. Tras meses de asedio y acoso, finalmente bajo el denominado Operativo Determinación, fuerzas especiales del ejército estadounidense y fuerzas especiales de la CIA (con agentes infiltrados dentro del gobierno, según New York Times) apresaron ilegalmente al mandatario de Venezuela Nicolás Maduro Moro y a su esposa Cilia Flores.
Es un operativo ilegal y a todas luces violatorio del derecho internacional de acuerdo a la Carta de Naciones Unidas, por más que el gobierno estadounidense trate de justificar que se trató de un operativo para “arrestar” a Nicolás Maduro y su esposa por supuestos cargos de narco-terrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de ametralladoras. Tan tenían prisa por deponer al gobierno en turno de Venezuela y empezar a controlar a ese país que Estados Unidos llevó al Presidente venezolano y a su esposa a la ciudad de Nueva York la misma tarde del sábado, tras la incursión de la madrugada de ese mismo día.
El operativo de las fuerzas especiales de Estados Unidos estaba previsto para realizarse unos días antes, según declaró el mismo Trump a la cadena Fox News, pero condiciones climáticas lo impidieron. El operativo estadounidense (no está claro todavía cuantos elementos participaron) se desplegó en instalaciones militares del ejército Venezolano y del gobierno de ese país en los estados de Caracas, Miranda y La Guaira. Se atacaron al menos el puerto de La Guaira, el aeropuerto de La Carlota y el complejo militar Fuerte Tiuna, según el Times.
Poco después de la medianoche del sábado 3 de enero, habitantes de Caracas comenzaron a difundir videos con supuestas explosiones que todo indica que fueron bombardeos de las fuerzas estadounidenses para iniciar el operativo de la detención de Maduro.
Según el Presidente de Estados Unidos, se trató de un operativo de precisión y el mayor despliegue del ejército estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. No está claro, pero cabe recordar que justo el 3 de enero de 1989, Estados Unidos invadió Panamá con el pretexto de detener al entonces Presidente de esa nación, Manuel Noriega, también bajo acusaciones de narcotráfico, aunque antes Noriega sirviera como un agente de la CIA. Según Trump no hubo bajas por parte de sus fuerzas armadas aunque admitió a Fox News que sí hubo algunos soldados heridos. No se ha informado todavía de las posibles bajas de soldados o civiles en Venezuela.
Tras el ilegal ataque de Estados Unidos a Venezuela el Presidente Trump ofreció una rueda de prensa en su residencia de Mar a Lago, en la Florida, para celebrar la incursión sin admitir que violó todo el derecho internacional. Trump dijo que ahora Estados Unidos "gobernaría el país" hasta que se pudiera organizar una transición de poder adecuada.
En tanto, el gobierno de Venezuela quedó de manera interina a cargo de la Vicepresidenta Delcy Rodríguez quien habría sostenido una conversación con el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. Algunos analistas venezolanos y latinoamericanos han especulado de un posible acuerdo del gobierno de Trump con Delcy Rodríguez y los sectores del chavismo que quedan, para mantenerse a cargo del gobierno de Venezuela y no desestabilizar más a ese país. Lo que es cierto que el mismo Trump descartó que el gobierno de transición que anunció vaya a quedar en manos de Ana Corina Machado, la líder de la oposición que compitió en las elecciones de 2023 contra Nicolás Maduro.
Las reacciones de la ilegal intervención de Estados Unidos en Venezuela y de la detención de Maduro ha generado distintas reacciones, pero de modo insostenible sectores de derecha de la región celebran la caída de Maduro, aunque para ello Trump haya roto y violado todo el orden y el derecho internacional.
Con independencia de la simpatía o antipatía que se tuviera con Maduro y el régimen chavista, se debe estar en contra de que un Presidente de Estados Unidos que ni siquiera cuenta con el aval de su Congreso, se conceda el derecho de deponer presidentes en cualquier lugar del mundo y en particular en América Latina.
Especialmente cuando el fondo de este operativo no tiene el propósito de restaurar la democracia como se alega sino el control y el despojo de los bienes comunes y riquezas de Venezuela, en particular el petróleo que pertenece al pueblo venezolano y que de manera rapaz el Presidente de Estados Unidos pretende apropiarse. Lo dijo el mismo sábado de manera burda y cínica Trump: "Vamos a gobernar el país correctamente", dijo y agregó. "Va a generar mucho dinero". Los gobiernos venezolanos anteriores "nos robaron el petróleo", lo que se supone es una referencia a la nacionalización del petróleo en la década de 1970.
Con esta acción, se puede afirmar, se abre otro ciclo colonialista e imperialista de Estados Unidos en la región, como ya lo había anticipado en su toma de posesión y más recientemente hace un mes cuando se dio a conocer la nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos bajo el actual gobierno. Lo dijo de manera cínica el mismo sábado al admitir que se quedarían con los recursos de Venezuela: "De acuerdo a nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más", aseguró Trump desafiando a todos los gobiernos de la región y del mundo.
Es un anuncio que no debe tomarse a la ligera y mucho menos en nuestro país. El mismo sábado Trump lanzó otra advertencia de posible intervención en México. El Presidente estadounidense sostuvo que el gobierno se ha negado a permitir una mayor intervención en materia de seguridad y advirtió que la crisis del narcotráfico obliga a su país a "hacer algo" para detener el tráfico de drogas por la frontera. Son amenazas que no se pueden tomar a la ligera y mucho menos tomar partido por el intervencionismo colonial e imperial de Estados Unidos como absurdamente han hecho algunos líderes de la oposición mexicana. Es irresponsable y criminal que se aplauda que el fascista de Trump se conceda el derecho de deponer a los mandatarios de naciones soberanas. Pensamos que el colonialismo era cosa del pasado, pero ahora ante su declive como potencia hegemónica mundial, Estados Unidos vuelve a ser una amenaza imperialista para América Latina. No debemos permitirlo.





