Historia de unos días

Alejandro Páez Varela

Qué debilita a la Presidenta. Notas.

"El punto es que mientras esos políticos y otros más sigan cerca del proyecto de la 4T, siempre se le señalará de corrupción. Mientras esté operando el Cártel Jalisco o el Cártel de Michoacán o el Cártel de Sinaloa o cualquiera de esos cárteles-metástasis, siempre se señalará que el narco sigue activo y vigente porque sí, porque sigue activo y vigente. El punto es que mientras no se ponga el ejemplo de que los políticos corruptos serán encarcelados, entonces la impunidad será un problema exclusivamente de este sexenio, aunque venga de mucho más atrás. Y todo eso debilita a la Presidenta y entonces debilita a México. Y todo eso le da alas a la derecha local o al mayor peligro del país en este momento: Trump".

Nota uno

Cualquiera de nosotros puede preguntarse qué tan en serio va Donald Trump con lo de atacar a México y si te dicen que va, y te lo crees, puedes estar en lo correcto; y si te dicen que blofea y lo crees, puedes estar en lo correcto. Sólo podrás equivocarte una vez, pero ése no es el punto. El punto es que la única certeza que hay con el Presidente fascista de Estados Unidos es que no habrá, nunca, certeza de nada. Unos dicen que el tipo tiene un plan; otros dicen que va improvisando. Creo que unos y otros tienen razón.

Alguien me decía: quién lo iba a pensar: Trump es ahora el comandante en jefe de la revolución bolivariana de Venezuela. Y está en lo correcto quien me lo decía… en alguna parte. Aunque no tenga del todo la razón. El Presidente mentecato tiene la bota puesta sobre Delcy Rodríguez, la sucesora de Nicolás Maduro, pero al mismo tiempo no opera lo que sucede a nivel piso. Y le da igual. Convence a los industriales petroleros de que el saqueo de las reservas venezolanas va en serio y les está pidiendo invertir 100 mil millones de dólares de entrada, mientras el gobierno venezolano hace como que la revolución continúa. Suena a broma. Es una broma de la Historia.

Qué tiempos, volátiles y raros y peligrosos. Cuando alguien hablaba de la “posverdad” me parecían payasadas, arrogancia intelectualoide. Ahora creo en la posverdad. Vivimos la posverdad en el escrito sentido de la palabra: somos una distorsión deliberada de la realidad a partir de creencias, ideologías, emociones y voluntades políticas. Somos una versión de la realidad. Creer en algo es un acto de valentía, aún si se cree de buena voluntad. Digamos que vivimos uno de los multiversos de algún universo de Marvel, Disney o Washington.

Lo único real es que los pobres, los hambrientos y los enfermos siguen aumentando en el mundo; que los multimillonarios aumentan su fortuna y que crece la desigualdad según todos los indicadores, y que la codicia es cada vez mayor en los que más tienen.

Y lo que queda es resistir. En términos ideológicos, como pueblos, como individuos, queda resistir. Humillarse no tiene sentido (y allí está María Corina Machado) y blofear es una mala idea cuando el mayor blofeador de todos los tiempos es el Presidente de Estados Unidos, y tiene estrictamente prohibido blofear más que él.

Nota dos

¿Por qué ha brincado América Latina recientemente a la ultraderecha? Hay distintas explicaciones: desde la teoría del péndulo que indica que después de un periodo de gobiernos progresistas vendrían otros de derecha, hasta los que afirman que es consecuencia del voto en Estados Unidos que es, en gran parte (y a su vez), explicado en la teoría anterior. El caso es que vivimos un periodo de derechas que debemos analizar a partir del cómo se instaló, cómo lo logró.

Algunas explicaciones compartía hace pocas semanas Daniel Noboa, el extremista de derechas y criminal internacional que gobierna Ecuador. Me parece una respuesta simplista, típica de un oligarca o del jefe de escoltas de un oligarca y ambas descripciones caben en el Presidente ecuatoriano, aliado de Trump. Se lo dijo recientemente a Jon Lee Anderson, periodista estadounidense:

“El siglo XXI se basó en el concepto de justicia social. Funcionó por un tiempo, luego se volvió más injusto que antes. El concepto central se quebró. Le dio una oportunidad a la derecha”. Ahora, agregó, la gente está dispuesta a darle el poder “a cualquier cosa que sea más estricta y contundente contra el crimen y la clase política”. Me parece muy importante el dato. A pesar de que Noboa es la típica escoria ideológica que la Casa Blanca usa para administrar colonias, allí está el dato.

Vámonos hasta Chile, donde Gabriel Boric, que se dijo de izquierda para ganar la elección, ha mandado a su país hasta la extrema derecha. ¿Por qué ganó José Antonio Kast, hijo de nazis y simpatizante de Augusto Pinochet? Isabel Caro resume en BBC News lo que muchos otros alertaron durante meses: ganó porque supo inyectar miedo.

El doctor en sociología Eugenio Tironi lo explica así: “Los factores son múltiples, pero yo creo que básicamente, es el miedo. El miedo a la delincuencia, el miedo a la migración descontrolada, y por último el miedo a la inseguridad que produce el estancamiento económico. Hay un deseo de cambio, de cambio de personal político, de estilo, de forma de gobernar. Y esto lo capitalizó muy bien Kast”.

Sorpresivamente, Kast abandonó el discurso ideológico de la ultraderecha y se concentró en inyectarle miedo a los ciudadanos. Les dijo que Chile estaba en una crisis profunda, sometido a la corrupción, en manos de la violencia y de los migrantes criminales; sin crecimiento económico y sin destino. El caos, les advirtió, se apoderó del Estado. La deshonestidad nos gobierna, insistió.

¿Lo han escuchado en alguna otra parte? Sí, claro, en México. Como en Chile y como en otras partes de América Latina, la ultraderecha y la derecha (que en el caso mexicano se han fundido en una sola corriente) difunden que vivimos en un país donde gobierna el narco, corrupto, económicamente inestable y marcado por una profunda impunidad.

El problema para la Presidenta Claudia Sheinbaum es que, en una parte, sus opositores tienen toda la razón aunque en otra parte se equivocan. No importa que deliberadamente difundan mentiras sobre una parte del mensaje cuando en otra parte tienen razón. Lo saben y lo usan.

En México no gobiernan los cárteles, eso es mentira. Lo saben Trump y lo saben Claudio X. González, Enrique Krauze, Sergio Sarmiento, Ricardo Salinas Pliego y otros opositores de derecha extrema, pero insisten en ello porque quieren inyectar miedo. El mismo Marco Rubio destaca cada vez que puede los niveles de cooperación con los mexicanos y el homicidio doloso ha caído 40 por ciento durante el sexenio de Sheinbaum. Pero los grupos criminales allí están y, como decía el profesor Lorenzo Meyer, mientras el Cártel Jalisco Nueva Generación esté activo, Estados Unidos tendrá un fuerte pretexto para querer meter la mano en suelo mexicano.

Tampoco es cierto que el país sea económicamente inestable y baste saber que 13.4 millones de ciudadanos no salieron de la pobreza y que 1.8 millones no dejaron la pobreza extrema porque vivamos un ciclo de inestabilidad; eso es mentira. Es cierto que en una de las variables, el PIB, se tiene un estancamiento. Hay que recordar que este ciclo de economías ralentizadas se había advertido años atrás. Recuerdo cuando Arturo Herrera, primer Secretario de Hacienda de Andrés Manuel López Obrador, nos lo dijo en una entrevista allá por 2019. Los economistas hablaban de un periodo de secas, sobre todo para las naciones en desarrollo.

Aún así, dos gobiernos, el de AMLO y el de Sheinbaum, han logrado mantener la recaudación y el déficit fiscal equilibrados, con inversión pública fuerte y con una moneda de referencia para operaciones internacionales. En este periodo, además, consolidamos como el país que más vende y el que más le compra a Estados Unidos, algo que ya quisieran China, Europa o Canadá.

Pero la idea es meter miedo. Lea los mensajes de X. González en X. Ya no somos Venezuela, pero sí somos un país que “deja ir oportunidades” y que se acerca a una gran crisis. Lo de “narcopresidenta”, “narcopartido”, “narcopresidente” y etcétera vienen de él. Miedo, miedo. Como lo hizo su padre, Claudio X. inyecta la idea de que la izquierda es “un peligro para México”. Su padre, nunca se nos olvide, un típico empresario del PRIAN, duró como asesor de presidentes cuatro décadas. Y fue un abierto opositor de AMLO, algo que se vale y se respeta hasta que no se vale y no es respetable, es decir, cuando se es capaz de financiar actividades ilegales para interferir en procesos democráticos, como padre e hijo han hecho durante muchos, muchos años.

Sin embargo, México sí es un país donde la impunidad ha hecho un reino. Los siete años de Alejandro Gertz Manero en la Fiscalía ratificaron esa idea, y más: confirmaron que los políticos corruptos no son perseguidos, y la lista es tan descarada y púbica que ni siquiera tengo que repetirla aquí. Por si fuera poco, Pedro Haces, Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal, Manuel Velasco, Ricardo Gallardo o Abelina López Rodríguez, políticos señalados por malas prácticas –en el mejor de los casos–, por corrupción o al menos por enriquecimiento inexplicable, son acogidos por la Presidenta o acompañan su sexenio, como amigos o como asociados.

Algunos dicen que es porque ella quiere mantener las alianzas que agregaron márgenes amplios de gobernabilidad a López Obrador; yo digo que es un poco eso, y otro poco que ella misma ha sellado con ellos pactos que, paradójicamente, ahora le restan margen de maniobra.

El punto es que mientras esos políticos y otros más sigan cerca del proyecto de la 4T, siempre se le señalará de corrupción. Mientras esté operando el Cártel Jalisco o el Cártel de Michoacán o el Cártel de Sinaloa o cualquiera de esos cárteles-metástasis, siempre se señalará que el narco sigue activo y vigente porque sí, porque sigue activo y vigente. El punto es que mientras no se ponga el ejemplo de que los políticos corruptos serán encarcelados, entonces la impunidad será un problema exclusivamente de este sexenio, aunque venga de mucho más atrás. Y todo eso debilita a la Presidenta y entonces debilita a México. Y todo eso le da alas a la derecha local o al mayor peligro del país en este momento: Trump.

La semana pasada se dio a conocer que investigaban a Abelina López por un collar de miles de dólares, supuestamente, además de los otros casos donde se le señala de desvíos de recursos. El viernes, la Alcaldesa logra la foto con la Presidenta en Acapulco y el sábado, en la prensa de la Ciudad de México, Abelina aparece como la organizadora de la gira presidencial. “La Presidenta Municipal de Acapulco encabezó este viernes la recepción de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, durante su visita de trabajo al puerto. La gira contó también con la participación de la Gobernadora Evelyn Salgado Pineda”, publicó Eje Central, con toda la maña, sí, pero con parte de la razón. Yo se que la Presidenta no la quiere en sus actos. Pero esa gente es hábil.

¿Pedirá Sheinbaum ir a fondo con la investigación a Abelina? Digo, porque no sólo es un collar: la Auditoría Superior de la Federación la señala por millones sin aclarar y pregunto otra vez: ¿Pedirá la Presidenta ir a fondo con Abelina? Puede ser que sí, puede ser que no. Hasta por la foto, diría, lo mejor sería voltear a otro lado.

Cuando Layda Sansores estaba en su peor crisis por contratar al calderonista Jorge Lavalle, corrió a Palacio Nacional por la foto con la Presidenta. Lo logró. Lo mismo han hecho Monreal, Adán Augusto, etcétera. ¿La usan o se deja usar? Creo que es una mezcla de ambos y ella no se hace bien. Con tanta impunidad, la lógica indica que los corruptos son corruptos, con o sin ella. Mejor que sea sin ella.

Nota tres

Cualquiera de nosotros puede preguntarse qué tan en serio va Trump con lo de atacar en suelo mexicano. Sí, sí puede suceder, porque puede suceder casi cualquier cosa. El tipo es un mentecato y usará cualquier pretexto para distraer sus crisis domésticas o para agregar más dinero a su fortuna personal.

Puede pasar, sí, aunque lo veo como lo ve Marcelo Ebrard: nos dijo, la semana pasada, en una entrevista que difundió Canal Once este domingo, que México “no desestima” un escenario de agresión de Estados Unidos, aunque lo considera “muy remoto” debido al nivel de vinculación entre ambas naciones.

Pero puede pasar.

Y la Presidenta puede hacer más para evitar que pase. Sé que está haciendo mucho contra la violencia, pero debe ser más espectacular cuando se trata de los cárteles, por ejemplo.

Lo que no tengo claro es si realmente quiere mostrar que no tolera a los políticos corruptos e ineficientes. Y deberían ser una prioridad.

Aunque la derecha ya usó aquí lo de “un peligro para México”, ya vio que sigue funcionando: lo volverá a usar. Quiere convencer a los ciudadanos de que la izquierda es corrupta, inepta y se vincula con el narco. Quiere que la gente crea que por culpa de la izquierda nos atacará Trump. Quiere que México tenga miedo, porque esa es la única manera posible de volver al poder.

La Presidenta sabe dónde está su criptonita y la criptonita de su movimiento. Mal haría en mantenerla cerca.

Alejandro Páez Varela

Periodista, escritor. Es autor de las novelas Corazón de Kaláshnikov (Alfaguara 2014, Planeta 2008), Música para Perros (Alfaguara 2013), El Reino de las Moscas (Alfaguara 2012) y Oriundo Laredo (Alfa... Ver más

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