Gustavo De la Rosa

El "Jab" de Bad Bunny: entre el purismo de izquierda y la realidad fronteriza

14/02/2026 - 12:05 am

"A mis amigos de la izquierda les sugeriría menos soberbia y más apertura. El perreo escandaliza a los tradicionalistas, pero no a los progresistas".

El "Jab" de Bad Bunny: entre el purismo de Izquierda y la realidad fronteriza
El artista puertorriqueño Bad Bunny durante su presentación en el Super Bowl LX. Foto: Xinhua

En el México actual, tras la victoria de 2018, parece que sólo existen dos narrativas: la de los medios corporativos, que se especializan en inventar fallas donde no las hay, y la de una prensa independiente que, aunque valiosa, a veces cae en un purismo ideológico paralizante. El episodio más reciente de esta desconexión es la crítica hacia la actuación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl.

Desde mi perspectiva en la frontera, en Ciudad Juárez, resulta incomprensible el escepticismo con el que ciertos sectores de la izquierda han recibido este evento. Se argumenta, con una mezcla de sorna y superioridad intelectual, que un espectáculo de medio tiempo no es más que un producto del mercado y que no aporta nada a la lucha contra el cerco a Cuba o las amenazas de Donald Trump. Sin embargo, este análisis peca de una miopía cultural preocupante.

El prejuicio de los "viejos"

Me resulta irónico escuchar a analistas confesar que no conocen la música de Bad Bunny y, acto seguido, descalificarla por completo. Es un "déjà vu" generacional. Me recuerda  cuando, en nuestra juventud, los adultos de treinta o cuarenta años tachaban de "ruido" a Elvis Presley, los Beatles o los Rolling Stones. Incluso la izquierda radical de entonces despreciaba los mensajes de Bob Dylan alegando que "así no se cambiaba nada".

Hoy, la historia se repite. Aquellos que hoy critican el "perreo" o el reggaetón sin siquiera escucharlo, están cometiendo el mismo error que sus padres: confundir la incomprensión de un ritmo nuevo con la falta de valor artístico o político.

La frontera y el fútbol: Más que un deporte

Criticar el fútbol americano como un deporte "sin trascendencia" es ignorar la realidad de millones de mexicanos y mexicoamericanos. Para quienes vivimos a la orilla del Río Bravo, la NFL es parte de nuestra cotidianidad. El domingo de Super Bowl es el día de mayor consumo de aguacate en Estados Unidos; es un ritual de carne asada y guacamole que une a la clase trabajadora. Descalificar este deporte y a sus seguidores es descalificar a la comunidad migrante que ha hecho de estas costumbres su punto de encuentro.

Una victoria contra el autoritarismo

Lo que muchos analistas de escritorio olvidan es el contexto político previo al show. Donald Trump, en un alarde de autoritarismo monárquico, exigió a la NFL que impidiera la actuación de Bad Bunny. No quería sus mensajes en la pantalla. La negativa de la liga a doblegarse ante el Presidente fue el primer golpe —un jab directo a la nariz— contra esa derecha que tacha de "comunista" cualquier expresión que no controla.

Es ingenuo pensar que un espectáculo de entretenimiento va a desatar una revolución. Pero en una pelea de doce asaltos contra el racismo y el clasismo de la era Trump, cada golpe cuenta. La presentación de Bad Bunny se suma a la resistencia ciudadana que vemos en Minneapolis o Los Ángeles.

A mis amigos de la izquierda les sugeriría menos soberbia y más apertura. No pierdan tiempo despreciando lo que no entienden. El reggaetón es música, tiene ritmo y, en el contexto adecuado, puede ser una herramienta de resistencia cultural. El perreo escandaliza a los tradicionalistas, pero no a los progresistas.

Como decíamos en los 60: el rock era música y no ruido. Hoy debemos entender que el mundo de los jóvenes se mueve a otros ritmos, y que incluso en el centro del mercado —como lo es el Super Bowl— se pueden ganar pequeñas, pero significativas, batallas contra el autoritarismo.

Gustavo De la Rosa

Es director del Despacho Obrero y Derechos Humanos desde 1974 y profesor investigador en educacion, de la UACJ en Ciudad Juárez. Ver más

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