Hace mucho que no escribo de lo bien que me siento porque después de hacer el amor quiero volver a hacerlo tanto que no tengamos donde ponerlo, entonces escribir es lo último que quiero hacer.
Ojalá pudiera desprenderme de lo bueno con la misma delicadeza con la que suelo describir la deshidratación del cuerpo cuando se rompe el corazón, pero no, si me pasa algo bueno me lo guardo y me lo como y se seca en mis adentros y nadie lo ve. Y me gusta porque puedo hacer que solo quepamos dos.
Y porque desde que presté atención a los pequeños detalles hice las paces con el mundo, por eso cuando vi a un par de gaviotas volando sobre el mar me gustó la idea de pensar que se sentía igual.
Ser feliz se trata de pensar en tu boca, sobre todo cuando está a solo unos centímetros de la mía porque me lleno de ansias por que se encuentren y dancen y se guarden y se coman y se sequen en nuestros adentros y nadie las vea.
Soy química, moléculas que vibran al unísono, que bailotean al ritmo que marca la naturaleza. No lo entiendo, pero así es. Otra vez: soy química de pies a cabeza, una ecuación exacta de dosis específicas que me colorean con un tono en particular, con un aroma especial.
Ser feliz se trata de ir caminando a veces lento y otras rápido, de darle la vuelta al mundo varias veces, algunas tardando ochenta días, otras años enteros. O de tomar un descanso sentada entre árboles y personas que parecen árboles, con un cigarro, algunas risas y mis dientes mordisqueando otra vez Rayuela Capítulo Siete fluyendo como un torrente de agua. Tú siendo química y yo también.
No saber qué es ser feliz hasta estallar de amor cuando la reacción de nuestras bocas chocan en cámara lenta desencadenando la creación de nuestro universo en menos de siete días, de siete minutos, de siete segundos. Y sentir cómo sopla el viento.
Ser feliz se trata de comer un helado de moras después de que me digas que sí a todo y memorizar la ciudad a las cinco y media de la tarde porque a esa hora el cielo es color vainilla.
Ser tan felices que nuestra felicidad resulte absurda, dormir sonriendo y despertarnos a propósito a medianoche para encontrarnos con nuestras espaldas y besarlas y cerrar los ojos y se aguarden y se ansíen y se sequen en nuestros adentros y nadie las vea, ni siquiera nosotros.
@hartatedemi y la colaboración para hacer posible este texto de @ReginaMitre
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