Julieta Cardona

Chicas Splenda

24/08/2013 - 12:00 am

Me gustan las chicas Splenda.

Es más, sonrío un chingo al escuchar cuando alguna pide Splenda. Más de la mitad de las mujeres con las que he salido son chicas light, aunque me gusta más cómo suena “chicas Splenda”. Por fonética. Porque Canderel ya pasó de moda que por culpa del aspartame. Por caché. Porque sí.

Y que quede claro que con esto no estoy incitando el uso del producto, solo vengo aquí a platicar sobre ellas, pero bueno, tú que lees, lo tomarás como te venga en gana.

Todo el rollo de lo light me parece fascinante porque las obsesiones me divierten, pues me parece maravilloso hasta dónde se involucra el deseo. Cosa distinta a los trastornos —específicamente y en este caso, los alimenticios—, cuales sí me llenan de dolor ajeno y en serio que me parten en dos el corazón con las mismas calorías en cada lado.

Entonces, como decía, esta parte de las calorías me llena de misterio. Será porque yo nunca he contado lo que como o bebo y todo gracias a mi complexión casi igual a la de un espagueti. Como cuando voy a algún lugar a pasar la tarde y el mesero, al pedirle un café, me pregunta: “¿Azúcar o Splenda?”; bitch, please, si no le pongo azúcar a mi café, menos Splendalaverga.

“El destilado equivale a un pan y la cerveza a dos panes, entonces hoy puedo beberme tres copas”, decía la primera chica Splenda con la que salí, y yo, sin poder hacer ese tipo de cálculos —que desconozco—, le decía que esa noche me bebería una panadería entera. Luego las dos nos echábamos a reír y a ella se le olvidaba el asunto de los tres panes, pero jamás pasaba por alto el famosísimo refresco light.

O como aquella hermosa chica Splenda que me decía que cuando se deprimía podía terminarse todo un litro de helado light, o que le encantaba el agua mineral porque “como no tiene calorías, es un mezclador efectivo”. Justo todo eso, yo lo traducía en un bonito juego de sus obsesiones. Será que Bridget Jones es mi chica ideal.

Con base en mi experiencia diré que veo a las chicas Splenda como sinónimo de un régimen alimenticio —regularmente infinito—, como un cúmulo de obsesiones (con los números, con el cuerpo), como la divina contradicción de tres de suadero, dos al pastor y una soda light, por favor. Será que adoro esa parte de vanidad en las mujeres.

Y no, tampoco estamos hablando del estándar de la belleza occidental que causa estos patrones de consumo que blablablá. Repito que yo solo vine aquí a hablar de esta otra parte celestial de las chicas Splenda.

La cosa es que sí, me gusta que cuiden su cuerpo mientras el ejercicio no resulte una tortura que desemboque en algún trastorno.

Hoy en día salgo con una chica Splenda que me gusta tanto, que hasta me gusta que consuma tortillas de nopal porque tres equivalen a una de maíz.

@hartatedemi

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