Julieta Cardona

Internet me regaló a mi exnovia

Gracias a internet he conocido a mucha gente muy hermosa. Preciosa. Qué digo preciosa, unas malditas joyas.

Conocí a mi exnovia por internet. Nos coqueteamos en un chat (bueno, yo le coqueteé mucho más: “Oye, nena, en esa foto te ves follable, jo”) y nos pasamos a la vida real, a la tangible, pues, a la de besos largos, abrazos también largos y embarradas de helado sabor pistache; para vernos por primera vez, elegimos el corazón de Coyoacán; “un lugar bonito para conocer a una persona bonita”, pensé cuando le propuse vernos, pero no le dije cosas bonitas cuando chateamos, todas me las tragué porque me gusta eso de comportarme como una putita en las redes sociales y, les digo, le dije lo de la fotografía y creo que luego le pregunté por sus tetas, algo así. Ya saben, internet al fin y al cabo, la magia del anonimato y todo eso.

Fue bonito. Qué digo bonito, fue maravilloso.

Entonces internet era mi gran casa de citas, pues para cuando conocí a mi exnovia, ya había conocido a muchas mujeres —también por Internet— con quienes terminaba acostándome en la primera cita y, aunque en principio también buscaba lo mismo con mi ex, terminó por gustarme más de la cuenta; terminé por quererla tanto que después lo único que quise fue sacármela.

Ya me clavé con el tema de mi ex, pero está bien, me siento cómoda; está bien —me repito—, para que en este texto termine de sacarla. Y es que a los ex hay que sacárselos a cada rato: con pinzas de depilar, con desarmador, con copas de vino, con lloriqueos, con libros, con otras personas (que sí se puede, no me salgan con lo de siempre de que un clavo no saca a otro), con escritura, con gripas —sobre todo estornudos, muchos estornudos— y con más vino; en serio.

Bueno, la cosa es que internet me regaló a mi exnovia y no sé cómo agradecérselo, no sé a dónde mandarle flores o a qué lugar enviarle una carta o un correo electrónico, no sé a quién dirigirme y por eso vine a dejarlo aquí. Y sí, ya sé que no todo es color de rosa en internet, pero ese no es el tema, así que no ensucien mi historia y vayan con sus quejas a otra parte.

Prosigo. La gente me preguntaba que cómo había conocido a mi novia (de aquel entonces) y yo les contaba a todos la misma historia: “Verás que internet me la regaló; le pasé mi e-mail y nos pasamos al chateo, le dije que Coyoacán era lugar bonito para conocer a una persona bonita como ella y así comenzó nuestro romance”. Mentía, pues ustedes saben cómo le coqueteé, pero a la gente le daba ese discurso para que no hicieran preguntas idiotas (porque sí hay preguntas idiotas, no me salgan con lo de siempre de que no existen preguntas idiotas).

Un día una muchacha se burló de mi historia y, triste, le dije que no entendía nada; bueno, no, estoy mintiendo otra vez (jajajá), me enojé cuando la muchacha y las palabras textuales fueron: “Entonces no me preguntes, hijita de putita, ve y métete tus risas por el culo gordo ese que cargas, pero no me ensucies a mi exnovia solo porque es algo que no entiendes”.

En fin, internet es algo que no todo mundo entiende; es más, yo sigo en el camino.

Cuando terminé con mi ex conté otra historia distinta, a todos la misma: “Verás que no nos entendimos, nunca estábamos de acuerdo en algo, peleábamos como dos locas que aunque enamoradas, pues no bastaba”.

Pero también mentí, no dije que yo había tenido la culpa de todo y que mi ex había sido como un ángel desterrado del cielo que ahora vivía en la tierra y que internet me había regalado a mí entre sus miles de millones de internautas, que yo era una tipa con suerte que echaba todo a perder. Mentí porque es más fácil y porque la verdad es que no sé cómo responder preguntas idiotas.

Internet me regaló a mi exnovia y si todo esto me salió del alma fue porque lo traía atorado y ahorita estoy enferma de gripe, casi creo que bronquitis.

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