Julieta Cardona

Bienvenida al club de los 27

23/11/2013 - 12:01 am

«broken people
are more beautiful
and more sensitive
and sharper
and saddest
and
more
beautiful
and have a mutilated soul,
broken people are guilty stories
that began being innocents»

Mi mejor amiga no me habló en mi cumpleaños numero 27, porque se le olvidó; ya sé que vivimos lejos y nos distanciamos un par de meses -que sentí como años enteros-, pero no me la juzguen, que ella siempre ha sido dispersa, pareciera que vive en un mundo ajeno (y qué envidia); me telefoneó un par de días después y la escuché tan agobiada por olvidarme, que ni siquiera tuve que perdonarla. Es la idiota más bonita de este mundo. Y del de ella.

Algunas de las personas más hermosas y más tristes han muerto a los 27, “El club de los 27” que le llaman a ese grupo de músicos famosos que se nos fueron a los 27; tan mágicos algunos, que ni siquiera me da por pensar “qué hubiera sido de ellos si no”. Y bueno, yo no hago música o algo de eso, toco terrible la flauta desde la primaria y me sé solo las primeras notas de “Para Elisa” en el piano; canto tan mal que en algún karaoke lo haría a menos que esté ahogada en cerveza oscura y sea alguna de esas canciones que incluso al original se le escuchan mal o a nadie le importa cómo las canten, porque no habría manera de echarlas a perder, no sé: Flans, Aserejé ja de je de jebe tu de jebere seibiunouva majavi, o algo así.

Además, claro que hay personajes que han marcado al mundo —o a alguien— de alguna manera y que también murieron jóvenes, pero se me ocurrió hilar este tema cuando caí en cuenta de mis 27, así nomás.

Luego me imagino que si al club de los 27 le dieran otra oportunidad para regresar acá a lo terrenal, dirían que no con la mano en la cintura; no porque las personas rotas no tengan una segunda oportunidad sino porque habrá quienes no la quieran porque ya las tuvieron todas y fue hermoso cuando dijeron, que una más ya no. La verdad es que otra vez no sé, pero me da por pensar que le hacían poemas tan bonitos a la muerte —como esos de María Panero— que en una de esas la conquistaron para siempre, o que no era cosa de poesía sino que Courtney Love era insoportable, o que la heroína o el vino o los barbitúricos volvían más soportable al resto; que no basta con desear morir, habrá que ver hasta dónde llega el deseo y que, bueno, con vivir pasa igual; que al final sí, siempre fue poesía.

Asumo que en este texto no faltará el fanático al que algo le parezca una falta de respeto a la memoria de los personajes así, como a mí no me pareció ver a Valentín Elizalde en el contenido del subtítulo de “Otros artistas que fallecieron a los 27” de Wikipedia, pero, señoras y señores, en este mundo, como dijo un amigo: nunca falta el pendejo que nunca falta.

Así que me doy la bienvenida a los 27 (así, a secas, sin clubes ni nada de eso), con esta cita de Andrés Caicedo, precioso escritor que se mató a los 25 años porque dijo que vivir más daba vergüenza: “Escribir aunque sea mal, aunque lo que escriba no sirva de nada, que si sirve para salir de este infierno (ja, ja) por el que voy bajando, que sea esa la razón verdadera por la que he existido...”

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