Julieta Cardona

Te maldigo

22/03/2014 - 12:01 am

Hoy te escribo con suma desventura, con delicadeza: quiero que ardas desde adentro.

Eres la iglesia donde vengo a confesarme, por eso te maldigo.

Te maldigo porque se maldice lo que no se tiene, lo que no se puede, lo que nos sobrepasa, lo que necesitamos; porque se maldice a quien no nos ama de regreso (porque no quiso, porque no pudo, porque no supo cómo). Te maldigo como quien maldice a Dios por ausencia, por desasosiego, por insuficiencia, porque nunca está.

Toc toc toc, oiga, buenas tardes, ¿está Dios?
Aquí no vive.

Y yo que no terminaba de salir del cielo cuando ya estaba en un infierno grande, más grande –tan grande–: ese donde te hacía falta todo por quererme.

¿Por qué no me ama de regreso, Dios?
Y el hijoputa mudo.

Maldita eres entre todas las mujeres. No Dios, ni Diablo, nunca los dos a la vez: eres maldita entre todas. No tibia, ni gris: maldita entre todas.

Te maldigo recio, rojo; te maldigo porque me despierto de madrugada y de angustia; te maldigo como quien maldice a Dios por sordo, por mudo, por falsa omnipresencia: por hijoputa que nunca está.

No te perdono (porque no quiero, porque no puedo, porque no sé cómo). Te maldigo, lo repito hasta que me sangra la boca.

Me quiere… a su manera, pero me quiere.

No, idiota, no te quiere.

Y por fin entiendo, pero sigo maldiciendo porque no aprendo a vivir como Dios manda (porque no quiero, porque no puedo, porque no sé cómo).

Desde entonces lloro para adentro.

Por maldecir a quien jamás me amó.

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión