Sin motivo aparente, sin ninguna prevención, el cuerpo de la amada se ilumina. Canta con la gravedad del sol, bajo el misterio de la luna y la fuerza de atracción del silencio y del mar. Es una cosa extraña, el cuerpo de la amada y su poder trastornador.
Por Alberto Ruy-Sánchez.
MÁS EN Opinión
Jorge Zepeda Patterson
Inseguridad, percepción y realidad
""La percepción del público es que los crímenes han aumentado, cuando en realidad es la exposición de..."
Muna D. Buchahin
Generadores de corrupción
""Los generadores de corrupción son personajes de la iniciativa privada y la política que están entre..."
Rubén Martín
Acuerdo raro sobre minerales y tierras
""Por decisión propia, por compromiso o por presión, el Gobierno mexicano anunció la firma del Plan d..."


