Julieta Cardona

Cerrar el ciclo

07/06/2014 - 12:01 am

No soy una persona depresiva, pero no sé por qué razón, siento que nací triste. Ya saben, esa singular y repetible sensación de no pertenecer a ningún lugar. Como cuando escribí que yo no sabía llorar por cosas importantes porque llorar era explotar por dentro y yo había nacido con una explosión, o dos, o más. Cuando era una niña, mi hermana me preguntaba –muchas veces al día– que si estaba triste. Yo le contestaba que no, ¿pero qué podía hacer ante la lectura que ella hacía de mi rostro en donde resaltaban los ojos mohínos que había heredado de mi padre?

Y hoy que han pasado años de esa pregunta inocente, tuve que decirle que ahora sí y que por favor me perdonara si en cualquier momento me le colgaba al cuello porque no sabía cómo resolverlo ni cómo cerrar un ciclo que sentía tan a flor de piel.

Ahí estaba yo, desarmada y diciéndole a mi hermana que sí sin parar, envuelta en un mal de amores e incapaz de llegar a su cobijo porque al primer paso ya me había deshecho. Ciega e idiota por amor, me justificaba en la Justine de Lawrence Durrell: “(…) y la pobre Sofía de Valentino que murió a causa de un amor tan perfecto como equivocado”.

No sé para ustedes, pero para mí, cerrar un ciclo significa la promesa de comenzar uno nuevo parecido a un largo camino en solitario sobre una delgada capa de hielo que se revienta si intentas dar marcha atrás, que si se revienta te traga y te escupe al inicio para que vuelvas a empezar. Cerrar un ciclo es como abrirle por fin la puerta al armario donde alguna vez metiste ese par de globos con gas helio para dejar de sentir que les has ultrajado su única libertad.

¿Será que cuando busca cerrarse un ciclo, todos los amantes que están destinados a nunca más repetirse, se besan con más fuerza por ser la última vez? ¿Se muerden con más fuerza? ¿Se cabalgan plenos como si los cuerpos fueran un prado verde infinito? Y terminan juntos con gritos de desespero buscando abrir el cielo para no salir jamás de allí; nunca de allí. Qué será eso, si no es rendición, que cuando sienten que se pierden, se encuentran todavía más bonitos, más eternos.

Qué es cerrar un ciclo si no es soltar de a poquito y para siempre, si no es desenamorarse para salvarse, si no es aprender a guardar silencio, dejar de esperar que suene la puerta o el teléfono y entender, de una vez por todas, que por más que llores no volverá.

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión