
Traté de ignorar un ratito este episodio para ver si se me pasaba, pero nadie ignora perder a su amiga el día que ella se casa.
Buenos amigos tengo muy pocos. Tengo apenas contados porque siempre me ha parecido que esta parte de mi vida debo de mantenerla en un jardín que también es un paraíso pequeño, por ser el único lugar que con cuidado pude elegir para recrearme y reconocerme. Además me parece justo: es una cabal manera en la que el tiempo te dice que la mayoría de todo lo que has amado está de paso. Sí, ya sé que lo repito y me autoplagio, pero lo señalo como el ejercicio más honorable para que no se me olvide que se trata de lo único que puede salvarme el pellejo.
Una vez alguien me escribió que seguramente los amigos que yo tenía eran comprados; desde ese día me pareció fantástica la idea de poder adquirir amigos de buena calidad con dinero. Lástima que no lo tengo. E, incluso y en serio, lástima que los buenos amigos no se vendan.
En fin, ahí está mi preludio para no escribir a secas que perdí a mi mejor amiga el día de su boda. Se casó con un hombre, se casó de blanco, por la iglesia, por el civil y porque su fe completa no se vulnera ni a causa del matrimonio, sino al contrario: parece expandirse como una esponja inocente pero no por eso menos aterrada.
Se veía hermosa. Todas las novias que he conocido en mi vida se han visto hermosas. En serio, es el mismo semblante de pánico y esperanza. Será que ese es el rostro porque como mujeres nuestro destino es saber tantito de todo desde poquito antes de que inicie el desmadre y, por tal razón, comenzar a sentir.
Ella tiene un lunar entre las cejas que parece ser un bindi accidental. Es su tercer ojo que mira para adentro. Es un bindi que esta vez quiso cerrarse porque hay ilusiones que pesan más que cualquier realidad.
Yo fui vestida de color plateado a la gris, buscando decirle que ni blanco ni negro, que sí pero no, que la cautela que yo le sugería era del color de mi vestido. Y el hombre con el que se casó iba también de plateado a la gris.
De ella conocí su lado más endeble ese día: más blanco. Será que por eso las novias se casan de ese color, porque están diciéndole al mundo que el acto realizado es la mentira más blanca del universo. Después de la cena me fui: la primera de sus trescientos invitados en irse de su noche blanca; porque si algo he aprendido de las retiradas es que, aunque duelan un chingo, se hacen despacito y sin parar.
MÁS EN Opinión
Alejandro Páez Varela
No van a parar
""La derecha es un lobo que se enamoró de la carne fresca: cualquiera de nuestros hijos, como cachorr..."
Jaime García Chávez
La falsa profecía de Adán Augusto sobre Chihuahua
""Es desagradable escuchar el augurio, porque Adán Augusto está en la mira nacional precisamente por ..."
Jorge Zepeda Patterson
Inseguridad, percepción y realidad
""La percepción del público es que los crímenes han aumentado, cuando en realidad es la exposición de..."


