María Rivera
Historia
"Quién sabe qué hará Trump mañana, y pasado mañana, querido lector. No sabemos hasta donde pueda llegar, pero es evidente que la pesadilla es real".

No sé qué decirle, querido lector. Sé que es una manera algo extraña de empezar esta columna, pero he estado pensando mucho qué podemos decir de lo que está ocurriendo en el mundo, pero especialmente en Estados Unidos. Los especialistas en relaciones internacionales dan sus opiniones de lo que significa la nueva política exterior de Trump, y las múltiples consecuencias nefastas para el mundo entero. Abundan las interpretaciones y explicaciones para un hecho totalmente sorprendente: el mundo vuelve a estar en manos de un sociópata maligno, como lo fue Hitler o Stalin o lo es Netanyahu, su aliado nazi.
Algún día los historiadores estudiarán a detalle cómo fue que Donald Trump, un empresario rapaz y criminal, pudo llegar al poder no sólo una vez, sino dos. Cómo fue que los norteamericanos pudieron escoger como Presidente a un hombre que, a todas luces, no tenía ningún respeto ni por la verdad ni por la ley y cómo llevó al mundo a la barbarie. Porque es un hecho que lo que empezó como un discurso que parecía ridículo, de un payaso, se ha convertido en una serie de políticas reales, que estamos viendo en vivo y a todo color, como se decía antes. El racismo, el nacionalismo extremo, la creación de una realidad mentirosa a través de la propaganda, la persecución política de grupos poblacionales, el imperialismo desbocado, la legitimación del robo descarado de pueblos, el genocidio y la limpieza étnica rampante e impune, han reaparecido en el mundo.
No sé si la mejor definición para Donald Trump sea la de “loco”. Así nos referimos a él muchas veces antes de que diera los pasos funestos que está dando. No, no es un loco, como Hitler no lo era, aunque muchos lo pensaran a principio del siglo pasado. Estamos frente a un hombre extremadamente peligroso porque más que un político, es un empresario cleptómano y mendaz, completamente inmoral, que cree que el mundo entero está a su disposición y puede hacer lo que se le antoje: secuestrar presidentes, bombardear países, asesinar personas, criminalizar a los migrantes, apoyar un genocidio de niños y mujeres, violar la ley internacional, imponer sus creencias sobre todo un país. No es una exageración, lamentablemente, querido lector. El pueblo norteamericano puso el poder de una potencia militar, con su arsenal atómico, al servicio de la sevicia y la mentira y como el siglo pasado con el nazismo, Trump tiene ya su gabinete criminal que, incluso, ha comenzado a actuar en contra del pueblo norteamericano.
Las redadas y persecuciones de agentes de la agencia federal de inmigración (ICE) que se dedican a buscar y detener migrantes “ilegales” han causado ya una crisis institucional mayor en estados como Minnesota, donde agentes asesinaron a una mujer norteamericana a sangre fría sólo por intentar mover su coche cuando un agente intentaba detenerla a ella y a su pareja. El asesinato de Renee Nicole Good, una madre de tres niños, poeta y fotógrafa, indignó a muchos norteamericanos que están dándose cuenta de que los operativos que Trump había dicho que serían para detener a “peligrosos criminales”, (con esa mentira criminalizó a todos los migrantes) en realidad sirven para detener a cualquier persona, ciudadano norteamericano o no, que no sea blanco y sea de origen latino o sea de piel morena bajo sospecha de ser “ilegal” y de cualquiera que se oponga a sus violentas medidas. El asesinato de Good también causó un conflicto con las autoridades locales que desaprueban los operativos en sus comunidades y que, en estricto sentido, son operativos racistas y xenófobos, pero también operativos represivos que están atentando contra los propios ciudadanos norteamericanos.
Los agentes, vestidos con uniforme militar y el rostro tapado, están realizando violentas búsquedas puerta por puerta en las ciudades para localizar migrantes y deportarlos, como alguna vez los nazis llevaron a cabo operativos contra los judíos en Europa. Por eso, ha surgido ya la comparación inevitable del ICE con la Gestapo, la policía nazi que se dedicaba a perseguir judíos en las ciudades europeas. Una vergonzosa tragedia que lleva ocurriendo meses pero que ahora se puede ver en su verdadera y brutal dimensión, en videos subidos por quienes están escandalizados del violento racismo promovido por Trump. Menores detenidos en las calles, personas que son secuestradas de los negocios, familias sacadas de sus casas o personas bajadas de sus coches sólo por como lucen y son automáticamente considerados violentos criminales, aparecen en múltiples videos estos días. Eso es lo que está ocurriendo; la brutalidad policiaca desatada por un hombre sin escrúpulos contra los migrantes y sus propios ciudadanos. Todo ello justificado con oprobiosas mentiras gubernamentales como que los migrantes son criminales y que quienes protestan, como Renee Nicole Good, son terroristas.
Simultáneamente a esto, querido lector, el gobierno de Trump ha decidido detener los trámites de visado para 75 países, sigue amenazando a Dinamarca con apoderarse de Groenlandia, a Canadá con que debiera convertirse en un estado más de los Estados Unidos, y amenaza a Irán con una acción militar que, por otro lado, parece ser víctima del intervencionismo tanto israelí como estadounidense en medio de masivas protestas ciudadanas.
Quién sabe qué hará Trump mañana, y pasado mañana, querido lector. No sabemos hasta donde pueda llegar, pero es evidente que la pesadilla es real y que ya sentó en el mundo una nueva forma de fascismo, comandado por un criminal que está convencido de que nada ni nadie puede detenerlo, como lo creyó también Adolf Hitler, hace casi un siglo.
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