Guadalupe Correa-Cabrera

¿Soberanía mexicana?

"Sorprende que Sheinbaum rechace cualquier forma de injerencia y afirme que 'la soberanía no se negocia”', cuando se observa una marcada subordinación a EU".

¿Soberanía mexicana?
Claudia Sheinbaum, Presidenta de México, conversa con Donald Trump, Presidente de EU y Mark Carney, Primer Ministro de Canadá. Foto: Presidencia

Siguiendo la tradición discursiva de Andrés Manuel López Obrador, la Presidenta Claudia Sheinbaum —y quienes amplifican su mensaje desde el partido Morena, los medios públicos y privados, y las redes sociales— reivindica una defensa irrestricta de la soberanía nacional. No obstante, pese a los elevados niveles de popularidad de la mandataria y al amplio respaldo social del proyecto de la Cuarta Transformación (4T), sustentado en un nacionalismo de pretensiones históricas, la realidad parece contradecir de manera significativa ese discurso. Desde 2016–2017, Donald Trump ha planteado de forma reiterada la posibilidad de enviar fuerzas estadounidenses para combatir a los llamados “bad hombres” en México, a quienes ahora califica como integrantes de organizaciones narcoterroristas que, según su narrativa, poseen “armas de destrucción masiva”, particularmente el fentanilo, y representan una amenaza directa a la seguridad nacional de Estados Unidos.

Trump ha insistido en la posibilidad de una incursión militar en territorio mexicano para enfrentar a los cárteles. Sheinbaum, por su parte, sostiene que ello no ocurrirá y reitera su defensa de la soberanía mexicana. Sin embargo, el Embajador Ron Johnson enfatiza sistemáticamente, en sus comunicaciones diplomáticas, la existencia de una coordinación plena y una relación “más que excelente” entre ambos países. A su vez, el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch —figura central del actual Gobierno y hasta ahora presidenciable— parece mantener una colaboración particularmente estrecha con Washington, lo que remite inevitablemente a etapas previas de la cooperación bilateral en materia de seguridad. Desde el inicio de su gestión, su actuación sugiere una clara disposición a satisfacer las expectativas del vecino del norte y a demostrar que México avanza en la dirección que este considera adecuada. De acuerdo con indicadores como las cifras de homicidios, los decomisos de drogas —especialmente de fentanilo— y los resultados de los operativos contra el huachicol, México parece alinearse con los objetivos de seguridad definidos por Estados Unidos.

En el ámbito económico y comercial, el país también ha optado por distanciarse de China y por ajustarse a las nuevas reglas impuestas por su vecino del norte en el marco de un reordenamiento global que pone fin al (neo)liberalismo que, en las últimas décadas, Estados Unidos promovió a través del llamado Consenso de Washington. El ocaso del orden liberal se manifiesta en la retirada de Trump de diversos acuerdos multilaterales surgidos del sistema internacional de la posguerra. La participación de México como coorganizador del Mundial de Futbol, su compromiso con el T-MEC (hasta ahora) y su aceptación tácita de la política de aranceles contra China y otros países sin acuerdos comerciales revelan, una vez más, un patrón de subordinación a los intereses estadounidenses y a las élites que dominan el hemisferio occidental.

Sheinbaum parece contar con el beneplácito de las élites económicas y financieras transnacionales, a las que su Gobierno ha beneficiado de manera abierta. La Presidenta mantiene una relación cercana con los hombres más ricos del hemisferio —incluido Carlos Slim—, a quienes la 4T ha abierto mercados y oportunidades. Destaca, asimismo, la buena relación del Gobierno mexicano con BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, y con figuras centrales del Foro Económico Mundial. En este contexto, Agustín Carstens, exgerente general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), el llamado “banco de los bancos centrales”, ha expresado valoraciones positivas sobre México al analizar lo que denomina el “experimento” de 2025 (https://www.youtube.com/watch?v=8rNylZCqr3U). Carstens sugiere que el país podría estar recuperando su soberanía al abandonar las reglas del neoliberalismo y al distanciarse de China con el aval de Estados Unidos.

Resulta llamativo que tanto Carstens como Sheinbaum recurran al concepto de soberanía. Sorprende que la Presidenta rechace cualquier forma de injerencia y afirme que “la soberanía no se negocia”, cuando en los hechos se observa una marcada subordinación a Estados Unidos. En un contexto en el que el vecino del norte parece dispuesto a emplear todos los medios necesarios para reafirmar su control sobre el hemisferio americano, los márgenes de maniobra y negociación para México parecen cada vez más limitados. Estados Unidos —la nación más poderosa del mundo en términos de capacidad militar— cuenta con la posibilidad real de intervenir en México si así lo decide. Las profundas asimetrías económicas y de defensa no respaldan los buenos deseos ni las expectativas soberanistas. No puede descartarse que ya se estén negociando espacios (a través de la presencia física del Pentágono) que permitirán a Estados Unidos ejercer control sobre regiones estratégicas del territorio mexicano bajo el pretexto de una guerra contra los cárteles y del combate al tráfico de fentanilo.

Nota al pie:

Históricamente, Estados Unidos ha tratado al resto de los países del hemisferio —con la excepción parcial de Canadá— como espacios subordinados y a sus dirigentes como actores dependientes. La actitud del gobierno de Trump hacia diversos países de América Latina parece reafirmar esta lógica. El caso de Venezuela resulta particularmente ilustrativo. Algunas interpretaciones han recurrido al término “cortesanas” para referirse a figuras como María Corina Machado y Delcy Rodríguez. Aunque el término puede resultar problemático y potencialmente irrespetuoso al aplicarse a liderazgos políticos femeninos, su asociación con la idea de una corte no resulta del todo ajena a la realidad venezolana actual. Ambas parecen inclinarse simbólicamente ante una figura monárquica contemporánea: Donald Trump. Esta dinámica conecta con elementos de la llamada Ilustración Oscura y del pensamiento neorreaccionario de Curtis Yarvin, hoy influyente en ciertos círculos de Silicon Valley. Es una lástima que esto aplique a los nuevos liderazgos políticos femeninos latinoamericanos.

Guadalupe Correa-Cabrera

Guadalupe Correa-Cabrera. Profesora-investigadora de Política y Gobierno, especialista en temas de seguridad, estudios fronterizos y relaciones México-Estados Unidos. Autora de Los Zetas Inc. Ver más

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