Jorge Alberto Gudiño Hernández
El juego en turno
25/01/2026 - 12:01 am
"El asunto no radica en cuál es el juego en turno, sino en ese automatismo de abrir la aplicación en cuanto se tiene un segundo".

Ha iniciado el nuevo semestre en las universidades y, con ello, la actualización de las aplicaciones y juegos que entretienen a mis alumnos.
Tengo los suficientes años dando clase como para haber visto a estudiantes frustrados pues “la viborita” no se podía poner en pausa y era hora de entrar a clase. Lo mismo pasaba con partidas épicas de un tenis muy incipiente en el que una suspensión apenas de unos segundos daba por terminado el juego. Eso sucedía, claro está, porque los jugaban en teléfonos básicos, mucho antes de los que nos ocupan ahora. Eran simples entretenimientos que venían como un bono extra para quien se hiciera de esos aparatos.
A lo largo de los años hemos transitados por variantes del juego de la pelotita que rompe bloques y cuyas tiradas consumen tiempo exponencialmente (de forma tal que, en algunos casos, el alumno acomodaba la mira y, tras cerciorarse de que el tiro había salido bien, lo dejaba destruyendo el entorno mientras tomaba clase), a pájaros sin alas que buscan destruir las guaridas de los cerdos o variantes, más o menos interesantes de juegos clásicos. Los de cartas siguen atrapando jugadores que se vuelven incautos cuando comienzan a apostar. También han provocado cierta euforia algunos juegos más intelectuales, como los que piden que se adivine una palabra después de ciertos intentos; una variable del Ahorcado, para no ir muy lejos, o partidas en línea de Scrabble o Sudoku. Hay para todos los gustos.
Entre el semestre pasado y éste, los juegos en boga son unos relacionados con conquistar el espacio del otro, presuntamente un reino, utilizando armas, personajes y estrategias que se van obteniendo conforme los resultados son favorables. Una de las diferencias que existen entre unos juegos y otros es la existencia o no de rivales. Se juega contra un procesador o conectado en línea con personas que hacen lo propio en algún lugar del mundo, sean o no conocidas. Si bien ahora se pueden guardar las partidas, el hecho de jugar contra alguien más obliga a respetar ciertas reglas de tiempo. De ahí que también resulte frustrante abandonar una partida porque, digamos, hay clase.
El asunto, sin embargo, no radica en cuál es el juego en turno, sino en ese automatismo, cada vez más frecuente, que consiste en abrir la aplicación en cuanto se dispone de un segundo. Los profesores no nos hemos despedido y ya hay algunos alumnos haciendo su próximo movimiento. Eso, por no mencionar que hay docentes que también juegan en los pasillos, entre clase y clase, prolongando los descansos acaso un poco más de lo necesario. Y sí, también, se han comenzado a propagar las historias entre los catedráticos: hay alumnos que juegan en clase, cada vez más.
Tengo los suficientes años impartiendo cátedra en diferentes universidades para saber que hubo una época en que se prohibía recibir llamadas telefónicas en clase. Más tarde se prohibieron los mensajes y, después, el uso. Hubo profesores que obligaron a sus alumnos a dejar sus teléfonos en el escritorio, para que no hubiera tentaciones. Ahora eso parece impensable. En parte, porque nosotros también estamos enajenados y, cada tanto, es común dar un vistazo a la pantalla o atender una notificación nueva. Además, se corre el riesgo de ser denunciado por impedir el correcto desarrollo de la personalidad de alguien al prohibirle usar el teléfono.
Es un nuevo semestre y los aparatos son, aún, más entretenidos. Tanto, que ya da un poco igual cuál es el juego en turno. La consigna parece ser otra: evadirse de una realidad para habitar otra alterna, donde las recompensas son sencillas de obtener. Y da igual si estamos en los pasillos o en clase. Lo importante se ha vuelto el desplazamiento de la conciencia a un mejor sitio.
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