Alejandro De la Garza

¡Tengan sus 40 horas!

14/02/2026 - 12:02 am

"En la iniciativa original de reforma de 2023 se estipulaban cinco días de trabajo por dos de descanso, pero esa propuesta fue mandada a la congeladora".

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Se llevó la votación durante la Sesión Ordinaria en el Senado de la República en lo General y Artículos no reservados por el decreto que se reforman y adicionan disposiciones al Artículo 123 en materia de reducción laboral. Foto: Graciela López, Cuartoscuro

El sino del escorpión observa una simulación en la aprobación legislativa de la semana laboral de 40 horas, una medida que llegó con fanfarrias y fotos oficiales, pero cuya letra pequeña convierte este supuesto avance en una promesa en abonos chiquitos, pues la reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas se hará de forma escalonada del 2027 al 2030. Además, entre otras carencias, la reforma falla en lo esencial: no obliga a los empleadores a dar dos días de descanso por cada cinco de trabajo.

Sindicatos y organizaciones laborales reclamaban no sólo menos horas, sino “una reorganización real del tiempo semanal que favoreciera la conciliación, la salud y la vida familiar”, lee el escorpión en el pronunciamiento público de las organizaciones sindicales pertenecientes a la Mesa de Diálogo Sindical, Asociación General de las y los Trabajadores y de la Unión Nacional de Trabajadores, representantes de amplios sectores de la clase trabajadora del país.

Al omitir esas obligaciones, la ley cambia un número sin tocar la estructura que determina cómo se distribuye la semana laboral. Es una reducción en el papel que puede convivir con prácticas empresariales dirigidas a mantener jornadas fragmentadas, nocturnidad y turnos rotativos que no mejoran la calidad de vida.

Y aún peor, el dictamen amplía el tope de horas extras permitidas. En la práctica, eso puede neutralizar la reducción de la jornada ordinaria. Si las empresas pueden recurrir con mayor facilidad a horas extras, la disminución formal de la jornada puede coexistir con jornadas reales que sigan siendo extensas. La combinación —reducción gradual, sin días obligatorios de descanso y con más margen para horas extra— explica por qué críticos y sectores sindicales calificaron la reforma como un “acto de justicia a medias” o una simulación.

Seis días de trabajo (de ocho horas cada uno), por un día de descanso, resulta en la semana laboral de 48 horas que impera actualmente (en el mejor de los casos, pues muchas veces se llega a las 50 o 52 horas). Claro que para la salud laboral y mental de los trabajadores un sólo día de descanso a la semana resulta insuficiente en tiempos en que domina la sobreexplotación y México es el segundo país de la OCDE que más horas trabaja. 

En la original iniciativa de reforma laboral de 2023 se estipulaban cinco días de trabajo por dos de descanso, pero esa propuesta fue mandada a la congeladora y en la reforma actual se mantienen los seis días de trabajo por uno de descanso, alegando los legisladores morenistas (¿qué haces Miguel Haces?) que eso se corregirá en la Ley secundaria, la cual será aprobada después, insisten, a sabiendas de que ninguna reglamentación puede ir en contra de la Constitución. 

Quedó establecido en la Reforma que no habrá reducción de salarios o prestaciones al adoptarse la reducción de la semana laboral de 40 horas, pero los atajos para “salvar” este señalamiento por parte de los empresarios también están a la vista, por ejemplo, con las horas extras. Actualmente sólo se permiten nueve horas de trabajo extra por semana pagadas al doble, y cuando se rebasan las nueve horas las siguientes se pagan al triple.

La nueva iniciativa amplía este rango a 12 horas extra semanales pagadas al doble y sólo a partir de la hora extra 13 se pagará el triple. Además, permite hasta cuatro horas extras al día, lo que puede llevar a jornadas laborales de 12 horas, sin duda un impacto directo en la salud del trabajador, en su calidad de vida, desempeño y su vida familiar. Otra rigurosa medida disciplinaria es que la Secretaría del Trabajo será la encargada de estructurar un registro electrónico de entradas y salidas de los trabajadores, lo que resulta ominoso y amenaza con descuentos al salario.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) alrededor de 15.3 millones de personas trabajan un mínimo de 48 horas a la semana, equivalentes al 25.8 por ciento de la población total ocupada. De ellas, se estima que alrededor de 7.6 millones son trabajadores sindicalizados, cifra que representa una minoría, pero un bloque relevante para la negociación colectiva. 

El citado Pronunciamiento de las organizaciones sindicales señala puntualmente que la reducción de la jornada debe servir para mejorar la salud, el bienestar, la productividad y la calidad de vida de las y los trabajadores, pero lamenta los fallos ya mencionados y específica, por ejemplo, que la sustitución de “patrón” y “trabajador” por “persona empleadora” y “persona trabajadora” puede generar ambigüedad sobre el sujeto responsable de las obligaciones laborales y facilitar esquemas de evasión mediante figuras simuladas.

El alacrán quiere destacar unas cuantas empresas que concentran en México una porción sustantiva del empleo formal en comercio y servicios, y serán determinantes para el éxito o fracaso de cualquier reducción de jornada. Walmart emplea alrededor de 237 mil personas; Femsa/Oxxo suma aproximadamente 350 mil. El Grupo Salinas, con Elektra y Banco Azteca, concentra entre 100 mil y 120 mil trabajadores, sus Tiendas Neto declaran entre 11 mil y 13 mil empleados mientras Totalplay registra entre cuatro mil y cinco mil trabajadores y TV Azteca entre tres mil y cinco mil empleados. Otras tiendas minoristas muy exitosas como Tiendas 3B reportan entre 30 mil y 40 mil empleados.

Como cruel paradoja, estas empresas son las que mayor número de quejas y demandas laborales enfrentan por abusos en los horarios, rotaciones imprevistas y sin consulta en el puesto y el día de descanso, falta de pagos de horas extras y descuentos en el salario por pérdidas o robos de mercancía. Incluso fue difícil que tiendas como Oxxo, Seven y otras de las llamadas “de conveniencia”, aceptaran la llamada “Ley silla”, que establece la obligación patronal de permitir que los empleados se sienten durante un tiempo mínimo en su horario laboral.

El venenoso advierte que estas cifras, aún aproximadas y variables según definiciones (tiempo completo, medio tiempo, contratistas), son todavía mayores, pues no incluyen la industria turística y hotelera, donde se viven las mismas precarias condiciones laborales; y no obstante, decía el alacrán, estas cifras son útiles para entender la dimensión del reto: cuando grandes cadenas reorganizan turnos, horarios y centros de distribución, sus decisiones repercuten en la salud, la economía y la vida de cientos de miles de familias.

El escorpión no quiere ser pesimista, pero a todo lo anterior habría que añadir otras preguntas, como ¿qué proporción de esos empleos ofrece estabilidad y prestaciones? ¿Cómo impactan las políticas de reducción de jornada o de salario mínimo en sus modelos operativos? ¿Qué efectos tiene la automatización en la plantilla de fábricas, empresas, tiendas y centros de distribución?

Por todo lo anterior, el venenoso reitera: ¡Tengan sus 40 horas!

Alejandro De la Garza

Alejandro de la Garza. Periodista cultural, crítico literario y escritor. Autor del libro Espejo de agua. Ensayos de literatura mexicana (Cal y Arena, 2011). Desde los años ochenta ha escrito ensayos... Ver más

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