Declarado a sí mismo como “libertino y sodomita”, John Wilmot decía que sus únicos principios eran “el violento amor por el placer” y su “buena disposición para el gozo extravagante”, que practicaba con uno y otro sexo sin distinción alguna.

Creció en una familia acomodada y fue discípulo de Thomas Hobbes y otros libertinos seguidores de Epicuro. Murió de sífilis y alcoholismo a los 33 años. Aquí presentamos una de las pocas traducciones al español de uno de sus poemas.

Traducción por J.M. Lecumberri

Ciudad de México, 4 de julio (BarbasPoéticas).- Declarado a sí mismo como “libertino y sodomita”, el Conde de Rochester es uno de esos personajes de la historia inglesa que suele permanecer oculto bajo la alfombra de las buenas conciencias de la sociedad.

Probable precursor del Marqués de Sade (pero sin haber tocado el encierro), John Wilmot decía que sus únicos principios eran “el violento amor por el placer” y su “buena disposición para el gozo extravagante”, que llevaba a la práctica en aventuras sexuales con uno y otro sexo sin distinción alguna.

Maestro en Artes a los 14 años en el Wadham College de Oxford, creció en una familia acomodada de madre puritana y padre alcohólico (catalizador quizá, de su futuro comportamiento), de quien heredó el título de Conde. Más tarde, se convirtió en discípulo nihilista de Thomas Hobbes y otros libertinos seguidores de Epicuro. En 1667 se casó con la rica heredera Elizabeth Malet, de la que tuvo seis hijos, a lo que solía comentar: “Antes de casarme tenía seis teorías sobre cómo educar a los niños. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría”.

Murió de sífilis, alcoholismo y depresión a los 33 años, pero sólo (y esto continúa en debate) aceptó a un pastor en sus últimos momentos. Es por eso que Horace Walpole (pionero de la novela gótica inglesa) llegó a decir que Wilmont debía “estar quemándose en el Paraíso”.

En 2004, Laurence Dunmore dirigió una adaptación cinematográfica de la vida del Conde, protagonizada por Johnny Depp y John Malkovich.

Aquí presentamos una de las poquísimas traducciones al español de uno de sus poemas.

EL IMPERFECTO GOCE

Desnuda ella yacía, apretada en mis anhelantes brazos,
me llené de amor, y ella por todos los encantos;
ambos igualmente inspirados con fuego ansioso,
derritiéndose a través de la amabilidad, ardiendo en deseo.
Con brazos, piernas, labios cerrados, abrazados,
ella me sujeta al pecho y me chupa la cara.
Su lengua ágil, el rayo menor del amor, jugó
dentro de mi boca, y a mis pensamientos transmitidos
órdenes rápidas que debo preparar para lanzar
el rayo que disuelve todo a continuación.
Mi alma revoloteante, surgida con el beso punzante,
se cuelga flotando sobre sus aromáticos costados de felicidad.
Pero mientras su mano ocupada guiaría esa parte
lo que debería transmitir mi alma hasta su corazón,
en éxtasis líquidos me diluyo todo,
derretir en esperma y derrochar en cada poro.
Un toque de cualquier parte de ella no había hecho:
Su mano, su pie, su aspecto es un coño.
Sonriendo, ella reprende en un amable murmullo,
y de su cuerpo limpia las alegrías viscosas,
cuando, con mil besos deambulando
mi seno jadeante, “¿Entonces no hay más?”.
Ella llora. “Todo esto por debido amor y éxtasis;
¿No debemos pagar también una deuda por placer?
Pero yo, el hombre degenerado más triste y vivo,
para mostrar mi deseada obediencia, lucho en vano:
Suspiro, ¡ay! Y beso, pero no puedo girar.
Deseos ansiosos confunden mi primer intento,
Tener vergüenza tiene más éxito para prevenir,
y la rabia por fin me confirma impotente.
En su mano justa, que podría ofrecer una venida de calor
a la edad gélida, y hacer arder fríos ermitaños,
aplicado a mi querida ceniza, no se calienta más
que el fuego a las cenizas podría restaurar las llamas del pasado.
Temblando, confundido, desesperado, ágil, seco,
un bulto que desea, débil e inmóvil, miento.
Este dardo de amor, cuyo punto penetrante, a menudo probado,
con sangre virgen han muerto diez mil doncellas,
¿Qué naturaleza sigue dirigida con tal arte?
Que a través de cada coño llegó a cada corazón
tieso resuelto, invadiría descuidadamente
mujer u hombre, ni debería mantenerse su furia:
Donde lo perforaron, un coño que encontró o hizo…
Ahora lánguidas mentiras en esta hora infeliz,
encogido y sin savia como una flor marchita.
Tú, traicionero, asiento desertor de mi llama,
falso a mi pasión, fatal a mi nombre,
a través de qué magia equivocada te pruebas
tan fiel a la lujuria, tan falso al amor
¿Qué puta común de ostras, mendigo, mendigo?
¿Has fallado alguna vez en toda tu vida?
Cuando el vicio, la enfermedad y el escándalo marcan el camino,
¡Con qué prisa oficiosa obedeces!
Como un rudo y rugiente Héctor en las calles.
Quien se pelea, se da puñetazos y castiga a todo lo que encuentra,
pero si su rey o país reclaman su ayuda,
el malvado villano se encoge y esconde la cabeza;
incluso así se muestra tu brutal valor,
rompe cada guiso, invade cada pequeña puta,
pero cuando el gran Amor, el comienzo sí manda,
base recreante para tu príncipe, no te atreves.
La peor parte de mí, y desde ahora odiaba más,
por toda la ciudad un puto puesto común,
en quien cada puta alivia su hormigueoso coño
mientras los cerdos en las puertas se frotan y gruñen,
que tú, a los hambrientos chancros, seas una presa,
o al consumir llantos se desperdician;
que el estrangulamiento y la piedra atiendan tus días;
que nunca orines, que se negó a gastar
cuando todas mis alegrías fueron falsas, depende de ti.
Y que diez mil dolores más capaces estén de acuerdo
para hacer lo malo, Corinna, bueno para ti.

THE IMPERFECT ENJOYMENT

Naked she lay, clasped in my longing arms,
I filled with love, and she all over charms;
Both equally inspired with eager fire,
Melting through kindness, flaming in desire.
With arms, legs, lips close clinging to embrace,
She clips me to her breast, and sucks me to her face.
Her nimble tongue, love’s lesser lightning, played
Within my mouth, and to my thoughts conveyed
Swift orders that I should prepare to throw
The all-dissolving thunderbolt below.
My fluttering soul, sprung with the pointed kiss,
Hangs hovering o’er her balmy brinks of bliss.
But whilst her busy hand would guide that part
Which should convey my soul up to her heart,
In liquid raptures I dissolve all o’er,
Melt into sperm, and spend at every pore.
A touch from any part of her had done ’t:
Her hand, her foot, her very look’s a cunt.
Smiling, she chides in a kind murmuring noise,
And from her body wipes the clammy joys,
When, with a thousand kisses wandering o’er
My panting bosom, “Is there then no more?”
She cries. “All this to love and rapture’s due;
Must we not pay a debt to pleasure too?”
But I, the most forlorn, lost man alive,
To show my wished obedience vainly strive:
I sigh, alas! and kiss, but cannot swive.
Eager desires confound my first intent,
Succeeding shame does more success prevent,
And rage at last confirms me impotent.
Ev’n her fair hand, which might bid heat return
To frozen age, and make cold hermits burn,
Applied to my dear cinder, warms no more
Than fire to ashes could past flames restore.
Trembling, confused, despairing, limber, dry,
A wishing, weak, unmoving lump I lie.
This dart of love, whose piercing point, oft tried,
With virgin blood ten thousand maids has dyed,
Which nature still directed with such art
That it through every cunt reached every heart—
Stiffly resolved, ’twould carelessly invade
Woman or man, nor ought its fury stayed:
Where’er it pierced, a cunt it found or made—
Now languid lies in this unhappy hour,
Shrunk up and sapless like a withered flower.
Thou treacherous, base deserter of my flame,
False to my passion, fatal to my fame,
Through what mistaken magic dost thou prove
So true to lewdness, so untrue to love?
What oyster-cinder-beggar-common whore
Didst thou e’er fail in all thy life before?
When vice, disease, and scandal lead the way,
With what officious haste doest thou obey!
Like a rude, roaring hector in the streets
Who scuffles, cuffs, and justles all he meets,
But if his king or country claim his aid,
The rakehell villain shrinks and hides his head;
Ev’n so thy brutal valor is displayed,
Breaks every stew, does each small whore invade,
But when great Love the onset does command,
Base recreant to thy prince, thou dar’st not stand.
Worst part of me, and henceforth hated most,
Through all the town a common fucking post,
On whom each whore relieves her tingling cunt
As hogs on gates do rub themselves and grunt,
Mayst thou to ravenous chancres be a prey,
Or in consuming weepings waste away;
May strangury and stone thy days attend;
May’st thou never piss, who didst refuse to spend
When all my joys did on false thee depend.
And may ten thousand abler pricks agree
To do the wronged Corinna right for thee.

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