Los cafetaleros de Veracruz se han unido para rechazar la construcción de la nueva planta de café Nestlé, anunciada en diciembre pasado por el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. A los productores minoritarios les preocupan los posibles daños ecológicos, que se traducen en la pérdida de biodiversidad y en el daño irreversible para la tierra. Se sienten inquietos por lo que esto pueda representar para la competitividad y el establecimiento de los precios y temen convertirse en “peones” de la empresa que ha logrado convertir a los “coyotes” en sus principales aliados.

Ciudad de México, 14 de enero (SinEmbargo).- El 18 de diciembre de 2018, el Presidente Andrés Manuel López Obrador anunció con gran entusiasmo la instalación de una nueva planta productora de café en Veracruz. El proyecto, propiedad de la empresa multinacional Nestlé, promete la inversión de 154 millones de dólares y la generación de 250 empleos directos. Sin embargo, no ofrece ninguna garantía para los cafetaleros del municipio de Coatepec que lo consideran un embate para su producción y para el medio ambiente.

Los planes de Nestlé ponen en riesgo los precios del café y son una amenaza para la biodiversidad de la región a través del monocultivo de café robusta, una especie de menor calidad que otras que se producen en México y que se usa de manera exclusiva para la elaboración de café soluble, alertaron los productores del cafeto.

La multinacional suiza es la compañía de alimentos y bebidas más grande del mundo. De acuerdo con información de su sitio oficial en la Internet opera 2 mil marcas y tiene presencia en 191 países en todo el mundo.

Cirilo Elotlán Díaz, presidente del Consejo Regional del Café de Coatepec, argumenta que desde hace más de 20 años han sostenido una batalla frente a la transnacional sin que ésta tuviera éxito, por lo que esta vez se sienten preocupados porque el Gobierno mexicano ha concedido el permiso para su irrupción, sin preocuparse por la sobreexplotación de ese sector económico y de la tierra.

“Esto para nosotros no es nada nada nuevo. Esta empresa tiene 20 años incursionando en los territorios cafetaleros no sólo de México, sino en otros países latinoamericanos en donde le han cerrado las puertas por ser una transnacional que sólo busca su propio beneficio, provocando la sobreexplotación del sector y de la tierra. No ha crecido debido al posicionamiento del productor de café arábigo; sin embargo, lo que nos preocupa es que ya cuenta con un permiso oficial, el Gobierno federal ya le abrió las puertas de manera oficial para que con toda libertad instale su planta del puerto de Veracruz, afectando el precio y la calidad el café”, afirmó Elotlán Díaz en entrevista para SinEmbargo.

Caficultores de Coatepec, molestos porque no se les tomó en cuenta, rechazan la construcción de la planta de Nestlé e instan a elaborar políticas públicas que promuevan una industria más competitiva, sin arriesgar la calidad que tanto prestigio le ha dado a México. Foto: Especial

Los intentos de Nestlé por introducirse al campo mexicano la han convertido en el mayor comprador de café robusta en el país. De la cosecha 2017-2018, la compañía compró 340 mil sacos, de 69 kilogramos de café cada uno, lo que representa más del 35 por ciento del grano que utiliza a nivel nacional. Lejos de representar un beneficio para sus productores, esto es una desventaja que reduce el costo a precios que no alcanzan para generar una ganancia. Los productores explican que en 2018 el precio del kilo osciló entre los 6 y 6.5 pesos, cuando requieren de al menos 10 pesos para recuperar la inversión y de 12 pesos para obtener alguna utilidad.

Daniel Zúñiga Maldonado, vocero de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, Movimiento Nacional, coincide en que esta inversión se hace sin considerar a los agricultores que, desafortunadamente, viven en zonas de pobreza, marginación y violencia, y que además han tenido que sortear su trabajo sin presupuesto, a pesar de que en múltiples ocasiones se ha planteado al cultivo como uno de los más estratégicos para México.

“En lugar de facilitar el acceso al crédito o el aumento en la infraestructura para darles una opciones a los caficultores lo que se sigue privilegiando son las facilidades para que la iniciativa privada tenga las condiciones para que aumenten sus ganancias, más allá de la generación de empleo. Este sector no se ha visto beneficiado con la política pública del Estado, sobre todo desde la desaparición de Inmecafé [Instituto Mexicano del Café]  que se dio en el supuesto de que el Gobierno mexicano no intervendría más. Se le siguen dando las facilidades a la iniciativa privada para el acopio y la mercantilización mientras que, por otro lado, se sigue desprotegiendo al productor mexicano dejándolo en las manos de los intermediarios, descobijando al pequeño productor”, añadió Zúñiga Maldonado.

Los productores de café en Veracruz se muestra preocupados porque, afirman, Nestlé da prioridad a la la siembra de café robusta, una especie de menor que requiere del uso de cielo abierto y consumo de fertilizantes y se usa para elaborar café soluble. Foto: Especial

ALERTAN DAÑOS PARA EL AMBIENTE

En México, la siembra del café está basada en dos especies: el café arábica –que se ha sembrado en nuestro país desde hace 200 años– y el café robusta, base principal de la producción de café soluble de la marca Nescafé, por ejemplo. Esta especie se caracteriza por florecer en zonas de baja altura y por tener una gran tolerancia a los patógenos de la hoja, lo que provoca que su producción sea mucho más económica que el de la arábica, que a su vez se evalúa por tener mejor cuerpo y aroma.

Para que la planta de robusta crezca generalmente se cultiva a pleno sol –es decir sin árboles–, por lo que requiere de mayor manejo agrícola y del uso de agroquímicos que generan efectos adversos al medio ambiente y a la biodiversidad. La promoción de este modelo degrada las tierras provocando que éstas pierdan su fertilidad.

Esteban Escamilla Prado, responsable de investigación del Centro Nacional de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico del Café (Cenacafé), explica que a pesar de que ambas especies tienen grandes producciones en México, la promoción de plantíos de café robusta puede tener impactos tanto en la imagen de la calidad del café mexicano, como en el ambiente.

“El café robusta va a ocupar tierras de zonas bajas donde no prospera el arábigo. No hay una competencia entre cafés, sin embargo estas plantaciones de robusta normalmente se manejan sin sombra y ahí hay una diferencia. El café arábigo mexicano se siembra con sombra diversa y eso ofrece muchos servicios ambientales al país y a la sociedad: por ejemplo, la captura de carbono, el refugio de biodiversidad, la producción de agua, la protección de las cuencas, el paisaje. En el caso del robusta se está promoviendo sin sombra, lo que tiene un impacto ambiental porque está basado en la utilización de fertilizantes que a la larga también deterioran los suelos”, agregó el especialista.

La planta de robusta se cultiva a pleno sol –es decir sin árboles–, por lo que requiere de mayor manejo agrícola y de uso de agroquímicos adversos al medio ambiente y a la biodiversidad. La promoción de este modelo degrada las tierras y éstas pierden fertilidad, alertan. Foto: Especial

Organismos como la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) han recomendado la siembra de café arábica por su utilidad en la conservación de la biodiversidad. Los arbustos y árboles de los bosques o selvas en medio de las crecen las plantaciones, estriba en la conservación de vegetación nativa, hábitat de una gran diversidad de flora y fauna.

La bióloga Icnelia Huerta-Ocampo ha comentado que los cafetales de sombra “coadyuvan a la preservación de miles de especies entre plantas, insectos, vertebrados, invertebrados, hongos, bacterias y organismos como aves, hormigas, arañas, mariposas o reptiles, la mayoría de ellos endémicos; contrario a los cafetales rodeados de zonas agrícolas”.

Por el contrario, plantíos de café robusta como el que busca generar Nestlé necesitan del uso de agroquímicos que además de tener efectos directos a la contaminación del agua, el aire y al tierra, pueden tener efectos adversos en las salud de los consumidores generando desórdenes tiroideos y respiratorios.

EL GRAN COMPETIDOR

En 2013, Nestlé inauguró la fábrica de café soluble más grande del mundo: se instaló en Toluca, Estado de México, y desde entonces se ha encargado de promover políticas que incrementen la producción de café robusta. A través del desarrollo de programas apoyados por la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), la empresa presume invertir más de 46 millones de pesos al año en cultivos mexicanos y adquirir el 25 por ciento de la producción de café proveniente de 70 mil productores.

Con el propósito de atraer mayor inversión, la empresa creó el Plan Nescafé, un programa de afiliación voluntaria con el que se “capacita” y “apoya” a los productores de Chiapas, Guerrero, Veracruz, Oaxaca y Puebla; a través de la entrega de máquinas, fertilizantes y otros insumos garantiza la compra de cosecha de los productores y el establecimiento de un precio conveniente, afirman los productores.

“La Nestlé apoyada en su momento por programas gubernamentales impulsa la producción de café robusta y convierte al productor en una suerte de peón de hacienda, como en años anteriores, porque necesariamente va a tener que venderle a Nestlé su café porque es la única empresa que lo procesa”, afirma Arturo García Jiménez, presidente de la Red de Agricultores Sustentables Autogestivos y miembro de otras organizaciones cafetaleras nacionales.

La multinacional creó el Plan Nescafé, con el que se “capacita” y “apoya” a los productores; les entrega máquinas, fertilizantes y otros insumos; garantiza la compra de cosecha de los productores y el establecimiento de un precio conveniente, acusan. Foto: Especial

El experto afirma que con el pretexto del apoyo a los pequeños productores, la empresa ha convenido a los gobiernos nacionales para que se les otorguen facilidades; sin embargo la mayoría de los agricultores con estas características producen café arábica por lo que no ofrece beneficios directos y, por el contrario, cuando los caficultores deciden ocuparse de la siembra de robusta es Nestlé la que fija los precios debido a que es la única empresa interesada en la compra de esta especie.

Por su parte, Daniel Zúñiga destaca que dichas compras suelen hacerse a través de intermediarios y no de manera directa. Los intermediarios producen un efecto en el que el cafetalero es el que menos gana.

“Nestlé en gran medida, a través de los intermediarios, a través de los ‘coyotes’, compra el café de casi todo el sureste del país. Ojalá lo comprara de manera directa porque así podríamos sentarnos los caficultores a negociar los precios de nuestros cafés. Lo que nos preocupa de esta nueva planta es que se está oficializando el intermediarismo”, añade Zúñiga quien también es productor de café en la zona mazateca.

El día 11 de enero de 2019, de acuerdo con lo establecido por la Bolsa de Nueva York, el precio del café robusta oscilaba en 76. 04 por cada quintal o 69 kilos y 109.35 dólares para el arábica mexicano. No obstante, este precio no se paga al pequeño productor y Zuñiga afirma que estos llegan a recibir hasta un 40 por ciento menos de lo establecido en el mercado bursátil.

NEGOCIOS PARA EL CAFÉ

El anuncio de la entrada de Nestlé a Veracruz consternó a los productores minoritarios quienes desde 2012 atravesaban una crisis que los llevó de producir 4 millones de sacos de café a 2.2 millones de sacos en el periodo 2015-2016. El efecto, en parte, se debía al aumento de las importaciones del grano que habían subido 103 por ciento en 20 años, alcanzando los 110 millones 374 mil dólares en 2018.

La inversión alertaba por muchos motivos. ¿Porqué la entrada de una empresa de tal envergadura a un país que en los últimos cinco años ha tenido una tendencia a la baja en producción de café?, reflexiona Arturo García, que llama la atención sobre los convenios entre Agromod, empresa de Alfonso Romo, y Nestlé establecidas desde 2011.

“Nestlé trae entre manos un gran negocio y busca apadrinarse del nuevo Gobierno. Lo que descubrimos es que Agromod, la empresa de Romo -que tiene los viveros más grandes de América Latina por reproducción de tejidos- le está vendiendo 6 millones de plantas a Nestlé cada año, en los últimos tres años. Un poco por ahí vemos el anuncio de la Nestlé (…) En 2011 hizo un convenio con el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), que dependía de la Sagarpa de aquel tiempo, en donde el mismo Romo tuvo amigos. Con ese convenio se encargó de producir nuevas semillas cafetaleras”, denunció el cafetalero guerrerense.

“Nestlé, a través de los intermediarios, a través de los ‘coyotes’, compra el café de casi todo el sureste del país. Ojalá lo comprara de manera directa porque así podríamos sentarnos los caficultores a negociar los precios de nuestros cafés”, dice Daniel Zúñiga. Foto: Especial

En 2011, Grupo Nestlé México, Agromod y el INIFAP anunciaron el inicio de una asociación ligada al proyecto Plan Nescafé con la que se buscaría “ incrementar la producción de plantas de alta calidad de café, y ayudar a que los productores cuenten con mayores ingresos”.

En un comunicado de prensa publicado el 27 de septiembre de ese año y publicitado en su página web se lee: “La alianza entre Nestlé, AGROMOD e INIFAP cuenta con una inversión aproximada de $15 millones de dólares, y mediante la cual se entregarán más de 30 millones de plantas que ayudarán a mejorar la producción e ingresos de cerca de 20,000 caficultores en México en un tiempo estimado de 10 años, además de establecer en México el primer centro Nestlé de propagación masiva de plantas de café en un país productor; a través de acciones como brindar asistencia técnica, transferencia de tecnología y la implementación del Código Común para la Comunidad Cafetalera”, compartió Juan Carlos Marroquín Cuesta, presidente ejecutivo de Grupo Nestlé México.

EXIGEN SER ESCUCHADOS

Los caficultores entrevistados por SinEmbargo coincidieron en que difícilmente podrán impedir la construcción de la nueva planta de Nestlé, sin embargo, todo coinciden en la necesidad de que el sector cafetalero sea escuchado y colocado al frente de cualquier política pública pensada para el sector.

“Los compañeros de Veracruz están muy molestos y quieren impedir que la planta se establezca; sin embargo, en términos reales lo van a hacer. En un esquema donde rige el libre mercado difícilmente podemos decir no. Pero más allá de decir no, tenemos que decir sí a un rescate de caficultura de los cafés arábigos. Ya no podemos hacer nada por el presupuesto de este año, pero aún hay mecanismos que se pueden ampliar para los cafetaleros”, afirmó García.

El próximo 15 de enero los cafetaleros de Veracruz harán un paro y una serie de manifestaciones en contra de la decisión del nuevo Gobierno federal. Entre los reclamos se encuentra la reducción del presupuesto destinado para el sector –que este año se ajusta a 346 millones de pesos– y la exigencia por la creación de políticas públicas que abonen incentivos que faciliten la producción y eviten la negociación a través de intermediarios.