Si algo nos ha mostrado la experiencia, es que lo que pasa en la capital del país no se queda en la capital. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro.

Carlos Samayoa*

El 22 de septiembre de cada año se conmemora el Día mundial sin auto. Esta ocasión se ha convertido en una oportunidad para demostrar que podemos tener mejores ciudades si se deja de colocar al auto en el centro de la planeación urbana y en su lugar se pone a las personas. Cada vez más gente se une a participar en sus países organizando rodadas masivas en bicicleta, convirtiendo lugares de estacionamiento en puntos de recreación y descanso, entre otras actividades simbólicas que se han convertido en un movimiento que busca involucrar a la ciudadanía y a los gobiernos en la materialización de un modelo de ciudad más humano, incluyente y sustentable.

Como sabemos, en respuesta a la COVID-19 en la Ciudad de México se instalaron ciclovías emergentes para facilitar la sana distancia y evitar aglomeraciones en el transporte público. Una de esas ciclovías está en la avenida Insurgentes, que es la más larga de América Latina y una de las más transitadas y complejas del país. Los buenos resultados de este estudio de caso se analizan en un interesante informe titulado “Ciclovía Insurgentes: un análisis social para su permanencia”, elaborado por la Coalición Cero Emisiones, de la que Greenpeace forma parte, y que es publicado precisamente en el marco del Día Mundial sin Auto. Activistas y especialistas aportan su visión sobre el tema desde la perspectiva de ciudades, medio ambiente, seguridad vial, salud y género.

El informe se basa en una serie de conteos de usuarios de la ciclovía, realizados desde junio a agosto, mostrando cifras que no han dejado de aumentar. Resalta que en agosto se registró alrededor de 25 mil personas usando la ciclovía, lo cual representó un incremento del 191 por ciento desde que esta fue instalada. Por su parte, los horarios de alta demanda, o mejor conocidos como “horas pico”, registraron también un notorio aumento de ciclistas con hasta 551 personas pasando cada 15 minutos por los puntos de conteo, es decir, más de 2 mil personas por hora moviéndose de manera fluida, eficiente y segura. Uno de los puntos más contundentes de este informe es que las personas están dispuestas a cambiar sus hábitos de traslado a opciones más sustentables y saludables si se les proporciona condiciones de seguridad.

Es por eso que continuamos exhortando a la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y al Secretario de Movilidad, Andrés Lajous, para que emprendan el paso siguiente de una medida tan buena como han sido las ciclovías emergentes.  Verdaderamente, atender el llamado de consolidarlas como infraestructura permanente colocaría a la Ciudad de México como un caso a seguir para otros estados y ciudades del país, y la mantendría en sintonía con otras ciudades del mundo que se han colocado a la vanguardia al responder de manera eficiente a la actual emergencia sanitaria y climática.

Si algo nos ha mostrado la experiencia es que lo que pasa en la capital del país no se queda en la capital. La Ciudad de México sigue siendo el epicentro de grandes cambios y luchas sociales que han logrado transformaciones que se han convertido en verdaderos emblemas para el resto del país. En este caso, hablar de la permanencia de las ciclovías es hablar del inicio de un nuevo modelo de ciudad más accesible, equitativo y seguro para todas las personas; es hablar de una nueva tendencia hacia ciudades en las que se prioriza la salud de las personas y el medio ambiente. La decisión que se tome en la Ciudad de México sobre el destino de las ciclovías influirá en otras ciudades del país.

Definitivamente valdrá la pena hacer un esfuerzo por dar un buen ejemplo al hacer que lo bueno sea para siempre.

*Coordinador de Ciudades Sustentables en Greenpeace México