En definitiva, será tarea de López Obrador, si verdaderamente le merece ese respeto que dice tener por el trabajo analítico de Zepeda Patterson, revisar detenidamente sus textos y en especial lo que tiene que ver con la desconcertante comodidad en el culto a la personalidad. Foto: Cuartoscuro.

Soy lector asiduo de los artículos de Jorge Zepeda Patterson desde hace varios años y he visto en su trayectoria periodística una visión informada y progresista. 

Constructor de periódicos, asesor de medios con un claro sesgo progresista, solidario con la causa de los periodistas de provincia y constante demandante de justicia en los crímenes contra colegas entre otros del paisano mutuo, Javier Valdez

Zepeda Patterson ha sido promotor de libros que nos revelan las nuevas biografías del poder presentando los atributos y debilidades, y muchas veces, el lado oscuro, de muchos de nuestros políticos en funciones de Gobierno.

Se podría decir que Jorge es un periodista con el pulso social en la mano y eso, lo hace una referencia obligada, para los interesados en la figura de Andrés Manuel y la evolución del Gobierno de la 4T.

Nos llama constantemente a recordar que la perseverancia de Andrés Manuel fue lo que llevó a millones de irritados a votarle y a dotarlo de mayoría absoluta en el Congreso de la Unión, que con sus aliados ha podido tener la mayoría calificada que sin ella no serían posibles las reformas constitucionales y reglamentarias.

Con esa trayectoria progresista y el reconocimiento que ha alcanzado dentro y fuera del país hubiera podido estar cerca del Príncipe de la 4T, ser uno de los suyos, como ocurre con algunos periodistas otrora críticos que hoy tienen cargos en los gobiernos de Morena.

Pero, no, optó, seguir en el periodismo con la línea que se trazó hace muchos años y la crítica al poder independientemente del color y el anagrama.

Esto en el esquema de Andrés Manuel lo vuelve sospechoso y así lo deja entrever cuando refiriéndose a él dijo: “Hay un articulista inteligente, incluso no podría decir yo (sic) que, de izquierda, pero sí buen analista político que se mete más a entender lo que está pasando y lo que somos, uno que escribe en El País: Jorge Zepeda Patterson”.

Y así, pareciera cercana aquella idea excluyente “si no estás conmigo, estás en contra de mi”, es donde está el meollo de la actual relación de tensión entre el Presidente y la prensa, cuando un día sí y otro también, pontifica contra los “malos periodistas”, la prensa fifí y emite el calificativo del día. 

No es que dejemos de reconocer que existe una guerra de posiciones en los medios de comunicación, por el contrario, es visible el activismo de sectores políticos que se expresan en ellos, pero es parte del juego democrático, la lucha por la hegemonía ideológica y eso no tiene nada de ilegitimo. 

Más, cuando el poder es resultado de una abrumadora cantidad de votos, de la voluntad popular, de la decisión de los ciudadanos y es lo que lleva a Zepeda Patterson a escribir que si López Obrador quiere compartir el espacio con los grandes de la patria no serán las rencillas cotidianas contra todos sino la obra institucional que construya en beneficio de esas mayorías desamparadas.

Ahí radica lo sustantivo, no en un exasperante lapsus o un nuevo frente abierto, si no cumple con esa expectativa que lo llevó a donde esta, su aspiración de ser continuador de la obra de Juárez y Madero podría terminar siendo simplemente una copia de Luis Echeverría o José López Portillo.

Y si termina ahí no será por culpa de los periodistas, sino por lo que haga o deje de hacer, en un entorno extremadamente complejo y donde no caben los pequeños detalles que van minando la visión del gobernante, sucumbir alegre al halago fácil, a las loas que suelta un profesor oportunista o a las preguntas de “turrún” que lanza esa zalamería que se ha instalado en las conferencias mañaneras haciendo su día, su chamba penosa y a la que Zepeda Patterson critica severamente y lo lleva a tomar distancia luego de que el Presidente López Obrador habló de los “malos periodistas”.

Zepeda Patterson en su texto “Periodistas Malos, periodistas buenos” por pudor no quiere aparecer en ese grupo selecto “qué nos defiende” por más matiz que AMLO haya querido poner en sus palabras. Situarlo distante de Federico  Arreola (SDPN) y Pedro Miguel (La Jornada) o Enrique Galván (La Jornada), quienes son claramente obradoristas, y mucho menos, a esa caterva de dizque periodistas que adulan a AMLO todas las mañanas y eso explica la contundencia en su colaboración en El País (“¿López Obrador, en el punto de no retorno?”) donde se fue a fondo, para deslindarse de cualquier posibilidad de que se le presentara como “compañero de viaje” o peor, incondicional, por caer en las redes de la lisonja presidencial. 

Zepeda Patterson no podía permitírselo por su biografía y había que ser contundente yendo a la dimensión de las emociones: señalar la claudicación de AMLO ante el halago, el aplauso de ahí que sus lectores más anti-obradoristas hayan leído el artículo en clave desencanto, como un adiós para siempre. 

De ahí, que en el siguiente artículo (“Nunca me digas “te lo dije”), da suaviza la crítica para quedar donde siempre ha estado, como un articulista crítico, independiente sin filiaciones partidarias. Y, desde ahí, seguir haciendo suyas las mejores banderas del obradorismo, estar con el “mejor AMLO”, sin renunciar a su autonomía.

Zepeda Patterson salió avante aun cuando algunos de sus lectores más críticos vieron en su último artículo en SinEmbargo una “disculpa con López Obrador” por lo escrito en El País, lo cual me parece equivoco pues habría que hacer el deslinde claro, firme, para mantener a salvo su postura crítica. 

Si no lo hubiera hecho habría quedado en las coordenadas del “que el que calla, otorga”, cómo me parece sucedió con los otros mencionados en la mañanera, qué asumen estar en la “defensa del proyecto de la 4T” lo que no es ilegítimo, existen opiniones militantes, de izquierda y derecha, pero también hay quienes apuestan por un periodismo más libre y comprometido con las causas democráticas. 

En definitiva, será tarea de López Obrador, si verdaderamente le merece ese respeto que dice tener por el trabajo analítico de Zepeda Patterson, revisar detenidamente sus textos y en especial lo que tiene que ver con la desconcertante comodidad en el culto a la personalidad.

Y es que no es poco lo que está en juego, ni magro el desenlace, pues como bien lo refrenda Zepeda Patterson en la colaboración de esta semana en Milenio (“Contra AMLO: ten cuidado con lo que deseas”): “La verdadera amenaza para México es que se frustre el proyecto de cambio, los agraviados pierdan toda esperanza y se abra un abismo de alcances insospechados”.

Al tiempo.