Redacción/SinEmbargo

Qué esconden Padrés y su Procurador

Para nadie es un secreto que el panista Guillermo Padrés Elías ganó la gubernatura de Sonora, el 5 de julio de 2009, por el rechazo y la indignación social contra el ex gobernador priísta, Eduardo Bours, y su indiferencia para investigar con prontitud a los culpables de las negligencias que causaron el incendio de la Guardería ABC en Hermosillo, el 9 de junio de 2009, prácticamente un mes antes de los comicios.

Padrés Elías ganó, dicen los padres de los 49 niños que fallecieron ese día y de decenas más que quedaron con lesiones de por vida, sólo porque prometió resolver este caso y aplicar la justicia, incluyendo el cese e investigación sobre Abel Murrieta Gutiérrez, procurador general del estado en el sexenio de Bours.

Pero apenas llegó al gobierno, dijo José Francisco García Quintana, presidente del Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio y padre del niño Andrés Alonso, quien perdió la vida en el incendio, lo primero que hizo fue ratificar en el cargo a Murrieta Gutiérrez, a quien este movimiento acusó en SinEmbargo.mx de ser uno de los funcionarios que más han obstruido las investigaciones.

Padrés es un hombre sin palabra”, sostiene García Quintana. Y su “protección” a Murrieta no huele nada bien.

Ahora, tras el asesinato del activista Nepomuceno Moreno –ahí nomás, a unas cuadras del Palacio de Gobierno en Hermosillo–, los señalamientos sobre Padrés y Murrieta son casi idénticos que los de los padres de la Guardería ABC.

Pietro Ameglio, integrante del Movimiento por la Paz, exigió a las autoridades sonorenses no criminalizar al activista, luego de que la PGJE de Sonora indicó que la principal línea de investigación eran supuestos vínculos con el crimen organizado.

Don Nepomuceno advirtió muchas veces sobre las amenazas en su contra, pidió audiencias con el gobernador y el procurador local, pero ellos nunca le atendieron.

Ameglio afirmó que Guillermo Padrés ha estado “rascándole a su pasado (al de don Nepo) de manera fascista e ignominiosa. Es más que indigno, porque han citado una acusación de 2005 que resultó ser falsa, y por la que tuvo que pasar cuatro años en prisión. Ahora quieren enlodar su nombre otra vez”.

El gobernador sonorense está metido en un gran lío. Una vez más tuvo que morir un hombre digno para que el panista sea vigilado con lupa por ciudadanos y medios de comunicación.

Los del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad le van a exigir que cumpla ahora, lo que no hizo desde hace meses… lo que no ha hecho tampoco con el caso ABC, ni él ni su Procurador.

 

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“Amor y paz”, ya estuvo de broncas, ahora puro apapacho se observa en el PRD… bueno, al menos en las fotos así se ve.

La reconciliación entre Andrés Manuel López Obrador y Jesús Ortega Martínez, líder de los “Chuchos”, no es poca cosa. El ex presidente nacional del “sol azteca” –por cierto, el dirigente que más elecciones ha perdido en la historia de ese instituto político– fue el único que manoteó antes de aceptar al ex jefe de Gobierno del Distrito Federal como candidato único de los partidos de izquierda a la Presidencia de la República en 2012.

Ahí, seguro, hubo negociación fuerte, porque Ortega Martínez ya ha demostrado de lo que es capaz con tal de sacar raja; las metas sociales de la izquierda mexicana, hemos visto, no le importan si el objetivo es ganar poder. De ahí sus alianzas antinaturales con el PAN durante 2009 y 2010.

Pero AMLO, quien por estos días derrama miel –de ahí el bien ganado AMLOVE, como se le menciona en las redes sociales–, decidió fumar la pipa de la paz y, luego de cinco años de diferencias y enfrentamientos, López Obrador y los “Chuchos” se reconciliaron.

“Esto es en serio, estamos juntos porque actuamos de manera responsable y porque así lo quieren muchos mexicanos”, dijo el tabasqueño, luego de una reunión privada en la que estuvieron presentes la secretaria general perredista, Dolores Padierna; el ex candidato del PRD al gobierno del Estado de México, Alejandro Encinas; el jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard Casaubón, y el propio Ortega.

“Amor y paz”, le ofreció López Obrador al líder de los “Chuchos”, en la conferencia de presa posterior; a lo que el ex dirigente nacional del PRD respondió que “en el proceso interno teníamos nuestras simpatías, pero habiéndose resuelto el proceso interno y habiendo nombrado a Andrés Manuel es el candidato del PRD, de todos los militantes y mi candidato, y lo apoyaré en la medida de mis posibilidades y en el límite de mis esfuerzos”.

Ahí, muy sonriente en la charla con los medios, destacó de nuevo la presencia de Ebrard, quien operó formalmente para que se diera el “Peace and Love”. Convertido en un fiel de la balanza en ese partido, el mismo jefe de Gobierno capitalino anunció que en los próximos días se informará de la integración del equipo de precampaña donde, aseguró, “habrá inclusión de todas las fuerzas y nadie va a ser convidado de piedra, esto va en serio”.

 

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Ernesto Cordero Arroyo muestra, una vez más, que no tiene un ápice de sensibilidad política. Pero, además, pretende emular a su jefe Felipe Calderón Hinojosa. Aunque la copia, la verdad, es de caricatura.

El aspirante a la candidatura presidencial del PAN se envalentonó ante miembros de la comunidad empresarial. En una presentación en el Club de Industriales de la Ciudad de México, repitió que los causantes del crimen e inseguridad en el país son los criminales y delincuentes y, por ello, si él fuera Presidente en 2012, no cambiaría nada de la estrategia contra el crimen organizado seguida por Calderón.

Pero, además, habló sobre la denuncia presentada contra el presidente Calderón ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya por crímenes de lesa humanidad: “Es un asunto fuera de toda lógica y un despropósito que no debe prosperar”.

“Son unos calumniadores (los activistas), no veo por qué sea desmedida esta acción (la del gobierno federal que anunció con investigarlos y llevarlos frente a un juez), son calumniadores y así hay que tratarlos”.

Todo, un día después del artero asesinato del activista sonorense Nepomuceno Moreno. Palabras desmedidas que, sin duda, no ayudan en momentos en que el país no encuentra espacios para la conciliación.

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