Quiero hacerte el amor, como le hacemos un avión de papel a un niño, hacerte Un Amor como una paloma de origami o un barquito que pueda flotar esta tarde aunque luego se hunda llevando a sus pasajeros, extasiados de canto de sirenas, al fondo del estanque. Tenemos sólo un amor, entre las sábanas, el de ahora mismo y nunca más, porque tu cuerpo forrado de moreno no admite las palabras, porque las canciones no se le enredan a tus extremidades como las que de tu voz, siempre breves, se cuelgan a mi cuello como una boa, sensuales, abrazadoras y abrasantes, eternas como sello de fuego en las palmas de mis manos. Me agobia el puro instante y el pasado que empieza a serlo desde que huyó aquel suspiro de entre mis labios: que dure, que se arrastre, que se estire como un atardecer perezoso hasta que mi cerebro pueda convertirlo en un relato y guardarlo y ordenarlo y recitarlo.
Tú, que conoces lo que destruyo y lo que concibo, tú, que con los huesos me bordas mantas de invierno, tú que me encuentras la risa en los domingos de tristear, respiras apacible y bautizado de mí en toda tu superficie de océano dormido, rebosante de cardúmenes coloridos y danzarines que, bajo la espuma, duermen también. Te narro el cuento que acabas de escribir y mi voz te navega y te pasa y se va sin que se quede contigo ni una solo mensaje de naufragio. Me quedo en el silencio obligado de las cortinas cerradas y el viendo silbándose afuera; me quedo con la sonrisa y el llanto abofeteándose, con el aire compartido atesorado en mi pecho por si trae tu cuello, tu pecho o el aroma de verano de tú conmigo y yo contigo. Me quedo en la pregunta perpetua de quién es de quién tras haberse fabricado y moldeado y dejado, inermes, solos de nuevo, uno en el silencio verdadero, otra en el escándalo ensordecedor.
Quiérote mío en este hoy de mañana y de siempre, a ti que ves mis colores y mis infiernos, que me das tímpanos de pozo para mis historias. Quiérote ante una copa de vino y un platón de dulces y una pantalla prendida, en las noches apacibles de saberte sin duda, pero más quiérote mío en el ayer del hoy que tuvo que ser allá, lejos, con otras pieles y otras manos, mientras hacías nombrando o nombrabas haciendo y en mis entrañas celosas sólo queda el sueño de que tuviste que hacer todas esas palomas, todos esos aviones de papel para que pudieran traerte, partícula a partícula, hasta mis brazos.
MÁS EN Opinión
Jorge Zepeda Patterson
Manual para sobrevivir a un ataque de Trump
""Asumiendo, sin conceder, que Trump informe al mundo cualquiera de estos días que Estados Unidos ful..."
Muna D. Buchahin
Anonimato
""El anonimato en las comunicaciones, alguien que tenga teléfono que no esté registrado como millones..."
Rubén Martín
Imperialismo sin complejos
""La nueva política internacional de Estados Unidos ahora ya no pretenderá encubrir sus ambiciones de..."


