Tomás Calvillo Unna
La pausa: el oxígeno de la libertad
Ese lugar inamovible que nos despoja de toda intencionalidad; la paz de la derrota de sí mismos.

La pausa es el oasis del tiempo,
ese líquido vital del silencio,
la fresca sombra de la quietud,
su conversación;
al escuchar
en la noche el latido
ausente de deseos.
Alerta:
diáfano registro
de la contemplación;
sin anzuelos, ni capturas.
El retorno al conocimiento;
la paradoja de su renunciación,
su solvencia;
el original sentimiento que permite
la cercanía de la distancia.
Ese lugar inamovible
que nos despoja
de toda intencionalidad;
la paz de la derrota
de sí mismos:
la valiosa certeza
de las manos vacías,
el infructuoso control de la vida diaria,
el no invadir al prójimo.
Reconocer la víspera que nos acoge,
esta permanente disposición
para advertir el ingenio infinito;
su guiño
que corrobora
la intuición del más allá
que nos habita.
La identidad extraviada,
ese pretérito anhelo;
el eco íntimo
de la ausencia,
que resiste monotonías
y desprecios.
La sutil textura que se presiente
al ver el cúmulo de la memoria
y la solidez del presente
que se descarapelan;
es el umbral
ya sin añoranzas,
que está aquí y nos espera,
hasta el último aliento;
el umbral frente al abismo.
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