Tomás Calvillo Unna
La subasta del instinto
Cómo saber mirar la luz de la belleza que toca las puertas del corazón.

Excesos en el engaño dispersos
copan las salidas
y expanden su dominio;
agotados emocionalmente,
abrumados,
por esto y aquello,
ya sin proporción alguna.
La basura se acumula
y obstruye
la corriente de vida,
su intrínseco ritmo.
Esta es la cultura
del todo se vale,
todo es igual
en la digital manipulación;
con tal de sumar
y multiplicar un número
unas monedas,
a los lascivos segundos
de una colectiva prostitución:
la esclavitud de los sentidos
el arma más letal de sus deseos
la irrupción de la voluntad
sometida.
Se subasta el apetito del instinto
convertido en erótica pedacearía,
la bacanal interminable
de los excesos
vueltos costumbre
intercalan
al relato del poder
el consumo de su violencia
sus distintas modalidades
pretendidamente domadas.
Trágica oquedad
del fugaz tiempo
de los cuerpos.
Cómo saber mirar
la luz de la belleza
que toca las puertas del corazón;
en medio de la tormenta
que nos aliena
en ese aturdimiento visual,
que desbocado,
nos enceguece
Levantar la frente
y mirar los cielos,
recordar ese frágil
y poderoso movimiento:
la galaxia
nombrada fantasma;
tal vez solo un guiño
del convexo anzuelo de infinito.
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