
Mis recuerdos sobre Francisco Barrio Terrazas combinan luces y sombras, y provienen de un conocimiento indirecto, construido en el contexto de los movimientos estudiantiles de la Universidad Autónoma de Chihuahua.
Lo conocí de manera incidental cuando él cursaba la carrera de Contabilidad en el Paraninfo universitario y yo formaba parte del grupo "Ignacio Ramírez" de la Escuela de Derecho, una organización marxista que mantenía una presión constante contra la corrupción y a favor de un nuevo modelo educativo, particularmente en el ámbito universitario.
En aquellos años, la Escuela de Contabilidad funcionaba como un bastión de la derecha universitaria, razón por la cual se convirtió en un objetivo político del movimiento estudiantil de izquierda: incorporarla a la lucha por la democracia universitaria. Este proceso era impulsado principalmente desde la Escuela de Derecho, la Preparatoria, las Escuelas de Ingeniería Civil, Química y la Normal.
Durante las brigadas que realizábamos ahí encontramos aliados significativos. Destacaban dos jóvenes con una notable independencia política y activistas por la democracia sindical: Siqueiros y Bertha Lujan que compartían la exigencia de democratizar la universidad y combatir prácticas de corrupción.
Francisco Barrio aparecía en ese entorno como un joven alto y delgado que, de manera esporádica, mostraba interés por nuestras actividades: sin embargo, en lo fundamental, se mantenía como un adversario político, representativo de una generación de estudiantes —muchos de origen rural— cuyo proyecto personal estaba centrado en el ascenso social y la superación económica, más que en la transformación estructural de la universidad o del país.
Cabe añadir que Francisco Barrio era hermano de Federico Barrio, a quien conocí desde la década de los sesenta en Anáhuac, Chihuahua. Era compañero de trabajo de mi padre. Ya entonces (1968) era director del Tecnológico de Cd. Juárez, lo que explica vínculos tempranos en la región. Años después encontré a Francisco como gerente de una empresa administradora de bienes de Jaime Bermúdez.
Después del aciago 1982, el PRI propuso a Santiago Nieto como candidato a presidente municipal para Cd. Juárez y se presentó una revuelta empresarial en su contra. Yo negociaba la resolución de la huelga de Acapulco Fashion con la interlocución del presidente municipal, José Reyes Estrada, y llegué a una reunión con él cuando salía ese grupo empresarial, dirigido por Jaime Bermúdez.
Entré al privado del presidente y este se encontraba evidentemente alterado, y me dijo: “Acaban de venir a amenazarme: o el PRI quita a Chago o ellos lanzan un candidato de oposición…”, y como colofón añadió: “Tienen razón”.
Días después apareció como candidato propuesto por aquel grupo Francisco Barrio Terrazas. Luego el PAN, que era un partido pequeñísimo, lo lanzó como su candidato a presidente municipal para las elecciones de 1983. Mi grupo político de referencia, la Alianza Cívico Democrática Juarense (ACDJ), propuso como candidato al “Burro Chon”. Pero conforme avanzó la campaña vimos todos los juarenses un despertar cívico de la ciudadanía y la decisión de usar el arma del voto para cambiar la política municipal. Además, Barrio hizo campaña junto con su esposa Hortensia, lo cual fue muy atractivo. Las esposas de los priistas sólo aparecían esporádicamente, pero no como compañeras permanentes.
Personalmente advertí el altísimo riesgo del asalto electoral en las casillas sin representante y me anoté como representante de casilla del PSUM. Iba a vigilar los votos de Chon y a defender, como pudiera, el resultado de la votación. Por primera vez había una sensación de competencia democrática y había que hacer respetar la voluntad del pueblo.
Recoger el acta de resultados, acompañar al presidente de casilla vigilando que no cambiaran la urna y después reunir las actas del PSUM con las del PAN para demostrar que Barrio ganó fueron jornadas de mucha tensión social y de intensa actividad. Reconocer el triunfo de Barrio era defender la voluntad de la ciudadanía. Yo representaba a muchos obreros y a todos los convoqué a la movilización, y finalmente se reconoció el triunfo de Francisco Barrio. Azules y rojos consideramos aquello como un triunfo propio. Algunos amigos se incorporaron al gobierno municipal; otros nos mantuvimos a distancia.
Cuando Barrio gobernó, me mantuve en la oposición frente a él. Incluso le gané el primer juicio laboral y lo ejecuté en los primeros días. Después nos enfrentamos a sus políticas autoritarias, más agresivas que las del PRI, y defendí a jóvenes de la Escuela de Agronomía y a militantes del CDP.
Llegó la elección a Gobernador en 1986 y la sorpresa de 1983 ya no tuvo efectos. El PRI estaba listo y volvió a las veredas andadas: controló a Bermúdez y lo lanzó como candidato a presidente municipal, y a Fernando Baeza como Gobernador; controlaron las directivas de las casillas, inscribieron a priistas como representantes del PAN y secuestraron la voluntad popular.
Vino el Verano Ardiente, la rebelión ciudadana más grande de que haya memoria en el Ciudad Juárez moderno. Tomamos las calles, los puentes, protestamos por semanas, pero el gobierno de Miguel de la Madrid no cedió y finalmente la lucha por la democracia se pospuso para 1992. Barrio seguía siendo el punto de referencia en aquella batalla histórica por la democracia.
En 1988 explotó el PRI y surgió una alternativa electoral para la izquierda que ganó la elección en el país y a la que le robaron el triunfo. El punto crítico era la integración de las mesas directivas de casilla: había que ciudadanizarlas. Ya podíamos competir.
Para entonces, el PAN se había transformado en un partido empresarial y Barrio era su líder. Coincidí y simpaticé con los grupos de jóvenes panistas que aprendían a hacer política y hoy gobiernan en el estado de Chihuahua.
Éramos aliados por la democracia, pero adversarios por el poder. En 1992 Barrio ganó como Gobernador de Chihuahua. Otra vez fue autoritario y empresarial, pero Juárez tuvo dos buenos presidentes municipales: Francisco Villarreal y Ramón Galindo. Otra vez coincidimos: fui director del Cereso de Ciudad Juárez (1995–1998), y Barrio respetó plenamente mi autonomía y mi militancia activa en el PRD.
Toleró la elección de Rubén Lau, un filósofo y compañero de la ACDJ. Pero no fue el Gobernador que los juarenses esperábamos, y el PAN perdió las elecciones posteriores hasta 2015.
En 2014 volvimos a coincidir en Unión Ciudadana, en la primera etapa de la lucha contra la corrupción de César Duarte, iniciada por Jaime García Chávez con una demanda ante la hoy Fiscalía General de la República.
Barrio ha muerto. Para mí fue un ser humano conservador, católico, empresario pragmático y exitoso, al lado de su hermano Federico.
Estoy por cumplir 80 años y entiendo con claridad que los seres humanos realizamos nuestros actos desde nuestra formación, nuestro entorno y nuestras ambiciones. Así fue Barrio: humano, simplemente humano.





