Historia de lo inmediato
Álvaro Delgado Gómez
Con México o con el imperio
"Sin alardes, pero con valor civil, y más allá de la imposibilidad de una invasión militar de Estados Unidos que por estrategia niega la Presidenta Claudia Sheinbaum, este momento histórico compromete a todos los mexicanos a tomar una postura inequívoca ante la prepotencia de Trump y su reactivado imperialismo".
“El que quiera ser águila que vuele, el que quiera ser gusano que se arrastre, pero que no grite cuando lo pisen”: Emiliano Zapata
Como en la invasión militar de Estados Unidos a México en el siglo XIX, que nos arrebató más de la mitad de nuestro territorio, y la del siglo XX con la dictadura de Victoriano Huerta y el Embajador Henry Lane Willson como su consejero clave, los mexicanos enfrentamos ahora mismo una latente intervención del gobierno y del ejército más poderosos del planeta a nuestra soberanía e integridad territorial, cuyas amenazas reiteradas una y otra vez por Donald Trump exigen una definición sin vacilaciones ni tibiezas: Se está con México o con el imperio déspota.
Sin alardes, pero con valor civil, y más allá de la imposibilidad de una invasión militar de Estados Unidos que por estrategia niega la Presidenta Claudia Sheinbaum, este momento histórico compromete a todos los mexicanos —los que aquí vivimos y los que habitan en cualquier lugar el planeta— a tomar una postura inequívoca ante la prepotencia de Trump y su reactivado imperialismo. No es una definición a favor del Gobierno, sino de la nación y de su soberanía. Es simple: Se defiende a la patria o se está en contra de ella.
Después de la invasión militar de Estados Unidos a Venezuela para secuestrar a Nicolás Maduro, su Presidente, con el fin principal de apoderarse de la principal reserva petrolera del mundo mediante una ocupación militar que puede ser más cruenta, como con descarado cinismo lo declaró explícitamente el propio Trump el mismo día de su acción criminal, las amenazas se han multiplicado contra otras naciones de América Latina y particularmente contra México en el marco de la explícita reactivación de la Doctrina Monroe y el imperialismo más crudo y asesino, a veces con el pretexto del narcotráfico y en otras sólo porque les da la gana, como ahora que pocos creían que lo haría y lo hizo.
Estados Unidos no ha tenido nunca límites ni escrúpulos en su política expansionista, pero ahora no tiene ningún contrapeso en el mundo, en cuyo reparto son cómplices las potencias China y Rusia, pero también la ONU, un organismo tan sometido e inservible como la OEA en el hemisferio. Los países de América Latina, y México como miembro fundamental, sólo se tienen a sí mismos ante Trump, un Presidente que, con la misma maniobra asesina, oculta el escándalo criminal de él con Jeffrey Epstein y somete a una nación soberana para expoliarla.
A todo mundo ha quedado claro ya que la invasión del ejército de Estados Unidos a Venezuela, que incluyó una matanza de decenas de militares y civiles, no busca ni siquiera la farsa de la democracia, sino el vulgar negocio, como el que hacen la familia y aliados de Trump desde el poder. A los que imploraban la intervención militar y le ofrecieron todos sus recursos naturales de su país, como María Corina Machado y sus aduladores de allá y de México, el Presidente estadounidense les ha dado una patada en el trasero. Aún así, ella se le sigue arrastrando y lo felicita “por la firmeza y determinación en el cumplimiento de la ley”, cuando la invasión, que ella imploró, es la más descarada violación al derecho internacional y del marco legal de su propio país. Sí: Los vendepatrias son iguales en todas partes. Y no hay duda: Los traidores a la patria se van al basurero de la historia.
Pero la oposición en México, sobre todo los más vendepatrias, se niegan a verse en el espejo de sus similares de Venezuela. Los pronunciamientos institucionales de PRI y PAN, así como los ideólogos y las figuras de la ultraderecha, aplaudieron o simplemente omitieron toda alusión a la criminal invasión militar de Estados Unidos y los asesinatos que cometió, pero en su inmensa estupidez y entreguismo, además, imploraron una acción análoga contra México, su Gobierno y su Presidenta legítimamente electa, Claudia Sheinbaum.
El propio PRI renunció a la política de unidad nacional ante toda amenaza externa que, por más demagógica e interesada que fuera, implicó al menos una definición patriótica. El PAN ni a eso llegó jamás como gobierno, en su intrínseco y manifiesto entreguismo ante el imperio de sello demócrata o republicano, que es exactamente lo mismo. Vicente Fox y Felipe Calderón fueron, quién puede negarlo, subordinados de Estados Unidos contra naciones latinoamericanas. Por eso están donde están. Los traidores a la patria se van al basurero de la historia.
Si la oposición sigue aspirando a convertirse algún día en un gobierno títere como los de Argentina, Chile y Bolivia es cosa de ellos, que sigan encendiéndole veladoras a María Corina Machado, a su Xóchitl Gálvez y a Ricardo Salinas Pliego, pero los que creemos en México como nación soberana e independiente repudiamos en esta hora crítica y siempre toda forma de intervención, militar y política, de Estados Unidos y de cualquier otro país.
Que sepan los imperialistas que la inmensa mayoría de los mexicanos jamás tolerará que su ejército vuelva a invadir el territorio de México y que sus cómplices son una minoría ridícula. Pero también es preciso callarles la boca en su estrategia con acciones más contundentes contra las organizaciones criminales y a sus cómplices en la política, en la empresa, en los medios y donde se encuentren, dentro de la coalición gobernante y de los gobiernos del PRIAN y del partido Movimiento Ciudadano.
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que reivindica la Doctrina Monroe de que todo el hemisferio esté bajo el control de ese país, implica una política de más fuerza por la vía diplomática, la imposición de sanciones y el despliegue militar e invasiones y ocupación de países, como ahora ocurre con Venezuela y que apunta a Cuba.
No hay que darle ninguna justificación a Trump para que meta a sus militares en territorio mexicano y eso implica cero tolerancia a los criminales, tanto a los que trafican con droga como a los delincuentes de cuello blanco de todo signo político.
Hasta ahora, no se olvide, el más prominente narcotraficante de las altas esferas del poder político de México es Genaro García Luna, mano derecha de Felipe Calderón y prominente cuadro del PRIAN, de quien periodistas y medios fueron propagandistas cómplices.
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