Historia de lo inmediato
Álvaro Delgado Gómez
Contra la censura
"Es un muy mal mensaje a los mexicanos que, desde dos medios de Estado, el Canal Catorce del Sistema Público de Radiodifusión y el Canal Once del Instituto Politécnico Nacional, se censure un contenido periodístico".
Justo cuando los mexicanos enfrentamos otra embestida de Donald Trump, quien además de invadir militarmente Venezuela acalla, reprime y asesina hasta a sus compatriotas, en México se ha tomado una decisión aberrante: La censura previa a una entrevista periodística en dos medios públicos de televisión.
Debe haber una rectificación para que este caso no se vuelva regla en medios públicos, pero tampoco en privados. Prohibido prohibir.
La escritora Sabina Berman entrevistó para su programa “Largo aliento” al actor Eduardo Verástegui, pero el viernes 9 de enero Gerardo Estrada Rodríguez y Lenin Martell Gámez, defensores de las audiencias de Canal Once y Canal Catorce, respectivamente, anunciaron que ese trabajo periodístico no se transmitiría, porque “no se ajusta a los principios rectores objetivos y mandatos que constitucional y legalmente rigen su actuación”.
Se había anunciado en ambos canales que la conversación titulada “Soy un misionero: Eduardo Verástegui” se difundiría el jueves 8 en Canal Catorce y el sábado 10 en Canal Once, pero Estrada y Martell decidieron cancelarla, porque también —agregaron en un comunicado— “existen violaciones a los derechos de las audiencias al promover una noción política contraria a los derechos fundamentales de las mujeres y a otros grupos en situación de vulnerabilidad”.
Es un muy mal mensaje a los mexicanos que, desde dos medios de Estado, el Canal Catorce del Sistema Público de Radiodifusión y el Canal Once del Instituto Politécnico Nacional, se censure un contenido periodístico.
Yo no coincido en nada con la agenda política que defiende Verástegui, sobre todo con su subordinación a Trump, y la combato en el terreno de la información y de las ideas con la misma libertad que él tiene de promoverla. Su vasallaje ha tenido una respuesta: El proyecto de partido Viva México, que él impulsa, es un rotundo fracaso.
Pero han sido los mexicanos los que han demostrado a Verástegui que su agenda retrógrada no tiene respaldo popular —apenas 15 mil firmas reunió en un año para su aborto de partido—, no una autoridad de manera discrecional, como sí ha ocurrido con los defensores de las audiencias de las dos televisoras públicas.
Como parte de la promoción de la entrevista en “Largo Aliento”, se reprodujo en redes sociales un diálogo. “El aborto es un crimen. Yo quiero defender la vida de todos”, dice Verástegui. “Te agradezco mucho que nos quieras cuidar a todos, excepto cuando nosotros no queremos que nos cuides”, le responde Berman. Es lo único que se sabe de la conversación.
¿Realmente la entrevista entre Berman y Verástegui, un diálogo abierto y libre entre una mujer liberal y un actor conservador, promueve “una noción política contraria a los derechos fundamentales de las mujeres y a otros grupos en situación de vulnerabilidad”?
¿Por qué no se deja a las audiencias ejercer, primero, su derecho a saber el contenido de la conversación y, segundo, a dar su opinión sobre la misma, en ejercicio de la libertad de expresión? La censura suprime uno y otro derecho consagrados en la Constitución. Nadie sabrá jamás si la pretendida protección a las audiencias en realidad lo fue, porque se impuso la censura.
Los defensores de la audiencia sustentan la censura en violaciones a la Ley en Materia de Telecomunicaciones, particularmente las fracciones séptima y octava, porque en la prestación de los servicios de radiodifusión estará prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas; y el respeto de los derechos humanos, el interés superior de la niñez, la igualdad de género y la no discriminación.
No sabremos, si no vemos la entrevista, si hubo esas violaciones legales y constitucionales, pero si las hubo, debe fincársele responsabilidad a quien lo hizo, no imponer la censura previa.
No dudo de la buena fe del sociólogo Estrada ni de Martell, doctor en Ciencias Políticas, ambos de la UNAM, ni pongo en duda su empeño en cumplir con su responsabilidad, pero como periodista no debo quedarme callado ante lo que considero una aberración. El periodismo es libre o no es, siempre, en cualquier circunstancia.
No sé qué decisión tomará Sabina Berman ante este acto arbitrario de dos personas que dicen defender a las audiencias, pero no puedo convalidar la censura, una decisión tan aberrante que ha dado lugar, además, hasta a un deleznable antisemitismo.
El mal mensaje que en sí mismo envía a la sociedad esta decisión de no transmitir la entrevista de Berman con Verástegui abona, también, a la narrativa de la derecha del autoritarismo y la dictadura y que su conducta cotidiana la desmiente. Dudo que este actor pueda superar las falacias del PRIAN, pero esta decisión iguala su discurso.
Ojalá haya una rectificación y se transmita la entrevista, no por el personaje entrevistado ni por la entrevistadora, sino porque marcaría un negro precedente en la libertad de expresión y el derecho a la información que México no merece. Pero, lo acepto, puedo estar equivocado...
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