El Poder del Consumidor

Alejandro Calvillo

¿Qué hará Trump con los monjes budistas?

24/01/2026 - 12:04 am

"En cuanto más se aproximen los monjes a la Casa Blanca, a DC, no será nada extraño escuchar discursos de odio en contra de ellos".

Un grupo de monjes budistas de origen vietnamita inició la Caminata por la Paz el 26 de octubre de 2025 en Fort Worth, Texas, con destino a Washington D.C. Se trata de una marcha por más de tres meses, recorriendo tres mil 700 kilómetros. La caminata hace un llamado a la paz, la compasión, el amor y la unidad. Caminan en silencio, algunos descalzos, siguiendo una tradición milenaria, antigua, de meditación activa. Se trata de un mensaje de resistencia y compasión en un mundo profundamente conflictivo y se dirigen al centro de origen del conflicto. No llevan un mensaje político, buscan la transformación de las personas y de ahí de la sociedad, el mundo. A su paso se detienen para dialogar y transmitir enseñanzas sobre la paz interior, la empatía y la unidad. La gente sale a encontrarlos en los caminos, en las calles de los poblados, en las avenidas de las ciudades.

Cuando iniciaron su caminar, con sus hábitos tradicionales y acompañados de un perro, Aloka, que se ha vuelto un símbolo en esta Caminata por la Paz, eran pequeños los grupos de personas que comenzaron a recibirlos en los primeros poblados y ciudades por los que cruzaban. Ahora que llevan más de la mitad del recorrido, son multitudes las que los reciben en los caminos y las que se reúnen en las noches para escuchar su mensaje. Al llegar a cada uno de los estados que visitan se dirigen a sus capitolios, a donde reside el poder político, a dar su mensaje por la paz, la unidad y la compasión. En ese sentido, la caminata terminará en febrero frente a la Casa Blanca, el corazón del poder estadounidense, el “Corazón de la Bestia”, la Casa Blanca desde donde se ha generado, en poco más de un año, las acciones y discursos más bélicos, de racismo y odio que hemos conocido.

Los monjes budistas vietnamitas vienen de una larga tradición de entrega radical por la paz, de poner el cuerpo por delante. Una de las figuras más conocidas en Occidente fue Thích Nhất Hạnh, que murió en 2022, conocido como el padre del mindfulness, del llamado a estar presentes a partir de poner la atención y la conciencia en la propia respiración, en el aquí y ahora. Sin embargo, poco se conoce de la historia de vida de Thầy, como lo llamaban, que significa “maestro”. Su trayectoria llevó a Martin Luther King a nominarlo para el Premio Nobel de la Paz por ser, dijo él: “un apóstol de la paz y la no violencia”.

Thầy inició lo que bautizó como el “budismo comprometido” durante la guerra de Vietnam. El enemigo no eran los soldados del Vietnam del Norte ni los del Sur, sino el odio y la ideología. Fundó la Escuela de la Juventud, de donde los jóvenes graduados salían a enfrentar las necesidades de los campesinos en medio de la guerra: realizaban labores de reconstrucción de los pueblos bombardeados, ofrecían atención médica y formaban cooperativas. Como no tomaban partido a favor de ninguno de los bandos, el odio llevó a algunos a desconfiar de ellos; algunos de estos jóvenes fueron, incluso, asesinados por esa desconfianza y ese odio. La gran estrategia de resistencia de estos jóvenes, en medio de esa situación, estaba en anclar la conciencia en el momento presente a través de algo que parece muy simple: la atención en la respiración.

Otro monje budista vietnamita conocido mundialmente fue Thích Quảng Đức. En 1963, en un acto de protesta contra la persecución de los budistas por el gobierno de Vietnam del Sur, se sentó en posición de loto en un cruce céntrico de la ciudad de Saigón (hoy Ciudad Ho Chi Minh). Fue rociado con gasolina por un discípulo y se prendió fuego; se mantuvo inmóvil mientras ardía. La imagen recorrió el mundo y el Presidente Kennedy declaró que nunca había visto una imagen que le impactara tanto. Existe un monumento en ese lugar a su memoria y es considerado un bodhisattva, un ser iluminado que pospone su entrada al nirvana para servir a los demás seres vivos.

Hay diversas corrientes budistas en el mundo y, por lo tanto, también en Vietnam, pero las recorre una misma esencia. El budismo vietnamita, en varias de sus manifestaciones, se ha caracterizado por esta entrega activa y radical a la paz, fundada en la compasión.

Al frente de la caminata va el monje Bhikkhu Pannakara que, como práctica, va descalzo, duerme al aire libre y come solamente una vez al día. No puedo entender cómo sigue caminando con el estado de las plantas de sus pies, que en muchas ocasiones son curadas y vendadas por voluntarios durante la noche. Los monjes caminan bajo la lluvia, soportando oleadas de frío extremo. Otros monjes que van en la marcha, como práctica, no se acuestan; adoptan la postura de meditación y en ese estado pasan las noches.

El contraste entre los monjes—el sentido y mensaje de su marcha—y el del gobierno estadounidense no puede ser mayor. Pero su mensaje está muy cerca de muchas personas de ese país que se oponen a Trump y su discurso de odio, como Renee Good, quien antes de ser asesinada por agentes de ICE, mostró —a través de un testimonio grabado— una profunda empatía por los migrantes, comprometiéndose a nunca dejarlos solos. Son millones los estadounidenses empáticos con los migrantes, con el pueblo palestino, con los habitantes de Groenlandia, y están mostrando serlo también con los monjes que caminan por la paz en su territorio.

La paz y la compasión es algo que está muy lejos del gobierno estadounidense y, en especial, de Trump y el partido Republicano. Es claro que estamos entrando en un escenario en el que se está gestando una era terrible para la humanidad y el planeta, encabezada por ese gobierno.  Terminar la Caminata por la Paz en la propia Casa Blanca tiene un significado muy profundo.

Asi como no tomaron partido ni por Vietnam del Norte ni por Vietnam del Sur, los monjes no toman, no tomarán partido, con sus palabras, ni por Gaza ni por Israel, ni por los demócratas ni por los republicanos. Llaman al interior de las personas para desde ahí provocar la empatía, la compasión por los demás, van a los centros de poder, para hacer ese llamado a la sociedad y el gobierno. ¿Necesitan hablar en contra de los crímenes de ICE, de las guerras, hablar sobre los migrantes, sobre Palestina? Con su mensaje ¿es necesario que lo hagan? Desde donde están, no hace falta. 

Se estima que la Caminata por la Paz termine el 12 de febrero frente a la Casa Blanca en Washington, DC. Llevan su mensaje al centro del poder, quieren sembrarlo ahí, ese es su acto que muchos podrán llamar “político”, pero es mucho más que eso. 

En medio de las masivas protestas contra la política antiinmigrante de Trump, de su discurso belicista, de la actuación militar en Venezuela con el anuncio de la apropiación de su petróleo, de sus amenazas sobre Groenlandia y sobre el resto del mundo que no se somete a sus designios, la Caminata por la Paz, toma una dimensión mayor que una gran protesta, va al corazón mismo del odio, del racismo, de la polarización que encabeza, dirige y exalta el inquilino de la Casa Blanca, inquilino que actúa como propietario. Desnuda brutalmente a quien se cree el rey.  

La Caminata se mueve, acciona, habla en un lenguaje fuera de lo ordinario para Occidente. Es la austeridad, la renuncia frente a la opulencia y los excesos, es el sacrificio por los demás, es la mano extendida frente a la bota opresora. 

En cuanto más se aproximen los monjes a la Casa Blanca, a DC, no será nada extraño escuchar discursos de odio en contra de ellos; ver personajes, grupos y políticos que se quieran apropiar del mensaje que llevan, montarse en él. Sabemos bien qué significa hablar de paz, compasión y unidad en la política, sabemos en qué consiste ese mensaje en los escenarios actuales. No se le pueden poner banderas, más la que llevan los monjes.

Veremos a los medios reaccionar, muy posiblemente veremos campañas contra ellos de desacreditación, racistas, supremacistas, etc., que, muy posiblemente, vendrán desde quienes ejercen el poder bajo la exaltación del odio a enemigos fabricados.

La esperanza está en las multitudes que resisten ahí mismo, en este mensaje desde el Corazón de la Bestia, en su empatía, en eso que nace en unos y otros, en lo profundo de sus seres, en su compasión.

Alejandro Calvillo

Sociólogo con estudios en filosofía (Universidad de Barcelona) y en medio ambiente y desarrollo sustentable (El Colegio de México). Director de El Poder del Consumidor. Formó parte del grupo fundador ... Ver más

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