Susan Crowley

Bad Bunny, ¿producto desechable o talento musical?

14/02/2026 - 12:03 am

"Bad Bunny es controvertido. Para entender más de su música, hice dos cosas; conocer más sobre él y documentar mi desagrado por el reggaetón".

Hasta que fue anunciado como el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl y luego de ganar el Grammy, Bad Bunny me era indiferente y el reggaetón me parecía malísimo. El futbol americano tampoco me ha importado como para sentarme a ver una final. Como a muchos, me influyó la rabieta del Presidente Trump y el domingo me fleté el aburridísimo primer tiempo con la expectativa de ver el tan comentado espectáculo.

Bad Bunny es controvertido, tiene sus detractores y sus defensores que son millones. Para entender un poco del personaje y su música, hice dos cosas; la primera, conocer un poco más sobre él a través de videos y entrevistas, y documentar mi desagrado por el reggaetón.

Derivado de dembow, un ritmo bailable intenso, rápido y repetitivo que supera los 110 beats por minuto, el reggaetón nació en Puerto Rico y Panamá en los años noventa. Lo consolidó el cruce a Nueva York entre comunidades panameñas, jamaiquinas, puertorriqueñas y afroamericanas que mezclaron sus culturas y sonidos. Es un ritmo sincopado y elemental que invita a bailar a los cuerpos, especialmente el trasero. La voz del cantante se mezcla y altera de forma sintética por un DJ. Sin elaboración musical o una técnica compleja, sus letras son recitativos de fácil rima. Es monótono y pegajoso, lo que lo vuelve muy comercial.

El tema de Daddy Yankee, Gasolina, de 2002, está considerado tendencia musical; Bad Bunny lo cantó en el super bowlDespacito de Luis Fonsi y Daddy Yankee fue un éxito mundial. Compositores y productores de diversos géneros como el pop, el hip hop, bachata entre otros, han participado expandiendo sus posibilidades. De ser un ritmo underground saltó a los grandes escenarios y modificó la forma de producir y escuchar música. El mejor álbum en los Grammys de este año y el primero en español que recibe ese reconocimiento es “Debí tirar más fotos”, de Bad Bunny.

Expresión de las comunidades marginadas latinoamericanas, ha sido criticado por la pobreza de calidad y el uso de temas violentos y sexuales que denigran a la mujer. Pero el reggaetón no es sólo un género musical. Se trata de una maquinaria económica gigante de creación de ídolos. En una era del espectáculo en la que no es tan fácil encontrarlos, surgen en las comunidades más rezagadas. Ante el éxito que supone, no es extraño que muchos adolescentes quieran ser intérpretes del género, ya que no requiere saber leer música ni conocer las reglas básicas. Para una productora es más fácil construirlos, sostenerlos mediáticamente por un tiempo y después desecharlos.

Para entender aspectos técnicos, solicité la ayuda de Ricardo Gallardo uno de los músicos y académicos más respetados de México, integrante del grupo de percusiones Tambuco. Su aportación no tiene desperdicio.

“Mi opinión sería necesariamente ambivalente, pero no despectiva. Desde el punto de vista estrictamente musical, el reggaetón es un fenómeno rítmico poderoso. El patrón del dembow es simple, sí, pero también es hipnótico y eficaz. No es trivial sostener durante décadas un pulso que conecte corporalmente con millones de personas. Como percusionista, uno sabe que la simplicidad no es sinónimo de pobreza; a veces es depuración. El problema no es el patrón, sino su estandarización extrema y la nula exploración inventiva o estructural que suele acompañarlo en su versión como artículo de producción comercial en serie.

El verdadero problema no es el género; es la homogeneización que produce la industria cuando un modelo funciona económicamente. La música académica también ha sufrido eso en otros momentos: fórmulas repetidas, estéticas dominantes, mercados cerrados. La pregunta interesante no es si el reggaetón 'vale', sino si puede dialogar con lenguajes de mayor complejidad sin perder su esencia rítmica. Ahí es donde la percusión, justamente, podría ser el puente”.

Escuchar completo el último disco de Bad Bunny puede resultar monótono; su voz no me parece agradable; rescato un casi bolero de Debí tirar más fotos, bien producido con guitarras acústicas; la voz de Bad Bunny no podría encuadrarla en alguna tesitura mínimamente aceptable, es lo menos rescatable del tema. Un verano en Nueva York, creada por El Gran Combo de Puerto Rico, es una salsa espectacular, a la mitad es intervenida por Bad Bunny. Es tan buena la adaptación que ni eso la echa a perder.

No se trata de que el reggaetón guste o elegir a Bad Bunny como nuestro cantante favorito o el más odiado, pero después de ver entrevistas y algunos sketches de SNL tengo que reconocer que me cayó bien. Es un joven sencillo y con carisma; todo lo contrario al típico estrellita que lleva cinco minutos y se mareó en un ladrillo. Y esto a pesar de que lo asesoren los más importantes diseñadores, exhiba joyería y accesorios de miles de dólares o se le vea saliendo con modelos famosas. Parece que sigue siendo Benito, el niño del barrio pobre con raíces latinas, que prefiere hablar español y exalta una cultura que ha luchado por ganar un sitio dentro de la Unión Americana. No olvidemos que Puerto Rico también ha tenido una dura lucha social y ha pasado por momentos complicados, que el artista nos hace recordar en sus canciones.

¿Qué sus letras son apología de la violencia y el maltrato a la mujer? Habría que ir con más cuidado. También pude documentar y dejo una liga que me pareció significativa, de cómo las comunidades pobres, muy evidente en Madrid, han adoptado este ritmo como una salida sana de la violencia. No es fácil cuestionar un género que más que moda ha sido un refugio y una forma de ver el mundo de millones de adolescentes y casi niños, y de quienes a pesar de ya no ser tan jóvenes se quieren sentir parte de la fiesta, del baile y del atrevido perreo. Más allá de ofender a las mujeres, los contenidos pasan inadvertidos subordinados al ritmo trepidante que las hace actuar sexis, divertidas y liberadas. A los bebés, les encanta que los mesan al ritmo de esta música. No se puede negar su éxito cuando adolescentes norteamericanos, que no hablan español, las vuelven sus favoritas y cantan aún sin entender nada de lo que dicen; aunque para ser honestos, tampoco quienes lo hablamos entendemos mucho.

Antes que satanizarlas y prohibirlas, habría que, como bien dice Ricardo, analizarlas, volverlas un tema de diálogo, contextualizar su origen y razón de ser, y agotar las posibilidades creativas del género.

No pude evitar comparar el poder de Bad Bunny con una compositora mexicana que también ha ganado el Grammy y que merece un columna completa y mucho más. En la próxima entrega, Gabriela Ortiz.

Mientras les dejo un video que menciono en el texto. Y, a propósito de las posibilidades que ofrece este género sugiero echar un vistazo al video de la ópera Las Indias Galantes, de Rameau, con bailarines callejeros, que a ritmo de reggaetón recuperan una obra barroca de más de cien años de creación. Ambas ligas en la versión escrita. @Suscrowley

https://www.youtube.com/watch?v=u0TAk4KmhCk&t=30s

https://www.youtube.com/watch?v=Q4jy2wrjESQ

Susan Crowley

Nació en México el 5 de marzo de 1965 y estudió Historia del Arte con especialidad en Arte Ruso, Medieval y Contemporáneo. Ha coordinado y curado exposiciones de arte y es investigadora independiente.... Ver más

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