
Tú no entendías que está bien que la gente tenga un manifiesto hasta que entendiste que está bien que la gente tenga un manifiesto. Porque sí, porque siempre es buena idea vivir bonito como tú quieres y sin hacerle daño al otro, porque hay mucho de todo que no comprendes hasta que lo lees y lo haces tuyo –no una, sino diez (o más) veces–.
A veces vas por aquí y por allá como si estuvieras sentenciada a un guion, a un argumento que se le ocurrió –probablemente y ojalá– a Woody Allen, y entonces un narrador omnisciente pronuncia: “Estarás condenada a vivir tu desgracia una y otra vez, cada noche y cada día como Prometeo atado a la piedra y no podrás hacer nada para cambiar tu destino”.
Pero no.
Dejaste de creerte ese cuento y compraste nuevos lentes sin pasta (esa negra hipster en maldita boga) para ver el mundo más nítido; decidiste crear tu propia propuesta cual es este minimanifiesto para saber que lo único que necesitas para ser feliz es intentarlo.
1. Todo cambia. Te ataste a un momento feliz de tu vida y quieres repetirlo una y otra vez –primero en tu cabeza y luego en todo lo demás–; ves una nube, un parque o un par de enamorados y sonríes como idiota porque recuerdas el día que te dijo que sí, que llegaste a su casa a las dos de la mañana con un ukelele a cantar su canción favorita y te dijo que sí: “Sí, mi amor, para siempre”. Hace dos meses que terminaron, pero ni hacerte medio alcohólica ha resultado.
No te aferres porque aunque todo cambia y puede no estar bien para ti, es perfecto. Vamos caminando torpemente y sí: todo cambia, incluso aquello que apreciabas permanente: el agua, la luna, la tierra, e incluso ahora se nota más tu arruga en el entrecejo; se murió tu tía abuela; nació tu sobrino; ya no te gusta el color verde y ahora tu cabello es largo.
Lo bueno y lo malo coqueteándose siempre, reventándose uno dentro del otro, así que permítete dejar de pelear con la única certeza: el cambio.
2. Siéntete orgullosa por quien eres. Mira, mija, ya naciste con esa cara, pinche o no, no puedes cambiarla. O sea sí, operándote y todo eso, pero vayámonos un poco más allá: el semblante. Vivir en una repetición de actos que no te den paz es, ahora sí, querer hacerla de Prometeo. Esta vida tan cortita, tan finita y tan que solo se vive una sola vez, se antoja vivirla con orgullo por quien eres. Personas arrepentidas de ser quienes son hay un chingo (y por un chingo me refiero a un chingo), ¿por qué no te haces un poquito para acá? Un poquito más y, donde te aprecies de muy cerquita, en paz contigo.
3. Manda a la mierda a quien debas. El mundo –específicamente el tuyo– no tiene la culpa de ser malgastado por cobardes o por quienes no estén dispuestos a hacer algo bonito –qué digo bonito, maravilloso– por el lugar en donde viven, y por el lugar en donde viven también me refiero a ti porque, en serio, ¿a poco no la única libertad cognoscible es aquella que se usa para elegir a las personas con quienes se comparte el mundo?
4. Haz que suceda. Pensar no significa más que pensar. Woody Allen, el creador de tu argumento existencial irónico, dijo que “las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”. Los milagros, chula, existen porque lo permitimos, pero se trata de mover los engranes y buscar sincronía, darte cuenta de que mucho de todo lo que pasará hoy –y siempre– depende de ti.
5. Ama la belleza de lo simple. Aprende a notar los detalles más simples y encuéntrales lo hermoso; si miras bien, no tienes que mirar mucho tiempo; si miras más de cerquita verás lo que siempre estuvo ahí pero nunca notaste. Y si sonríes el trabajo estará jodidamente bien hecho.
Sugiero que vivas y dejes vivir. Que si puedes enseñar algo precioso, lo hagas; si no puedes, inténtalo; si fracasas, ni modo. Si puedes aprender algo precioso, hazlo como esponja; si no puedes, vuélvete una maldita esponja. Ama mucho y como si tuvieras corazones de repuesto. Cuida a tus sobrinos a tus hermanos a tus padres a tus amigos; no bebas café soluble; alfabetiza a la población (todo lo que puedas de ella); planta un árbol; coge como conejo; bebe coñac; come frutas y verduras; entiende que el cambio en cualquier momento llega, pero que depende de ti ponerle el color a las cosas que vengan después.
Permiso, iré a hacer un Manifiesto grandote.
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